viernes, 30 de enero de 2009

Paso del Norte

qué lejos te vas quedando...
Dieciséis canales de televisión libres. Una estrella brillando en la montaña. Un mensaje sobre lo que es la verdad. Una conexión de dos naciones con una barrera avanzada de un lado sobre un río seco y robado. Dos banderas ondeando. Un corazón asustado. Circunvalación de luces. Mujeres rotas y perdidas confundiéndose con cruces conmemorativas en las calles. Chimeneas y descargas industriales. Avenidas principales con límites de velocidad baja y sus policías agazapados en vehículos nuevos y potentes con radares listos para atracar. El paraíso de la cerveza. Un Divo. Una jaula. Mil Biblias. Un bosque en la ciudad. La sombra de la muerte brillando de vida. El amor a las cloacas camuflajeadas con focos rojos. El desierto en medio del desierto, la mancha en la honorabilidad. El cambio y el fuego. Filas de carros interminables para compartir un poco del americanwayoflife (pinche dólar está bien caro, pero no hay pedo). La otrora gloria fastuosa. Música de Los Tigres del Norte y Conjunto Primavera. Dos temperaturas sin punto medio. El miedo y la nicotina, el caballo y el perro, los gatos al anochecer. Inviernos ya sin nieve después de veranos candentes. Verónicas. Almas. Julietas sin Romeos. Engranes, libros y ángeles. Aranceles, contrabando, corrupción. Tarahumara perdido en Sierra Maestra: “el último que quede que apague la luz”. Consulado y pasaportes. Buchanans con fútbol en el estadio tercermundista. Día de baile con botas boleadas, lo piteado a la cintura. Fiestas de maldad. Prohibido prohibir el robo de base de tercera a home. Odio y amor. Sed y ternura en lo más sonoro de una risa mientras suena el clín de la “cora” que cae por el espiral: has ganado el pozo de la máquina tragamonedas y te ha alcanzado, otra vez, para una hamburguesa en McDonalds. Walmart abre las 24 horas. Qué felicidad.
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Mi último ejercicio en Metatextos. Sin palabras.
Saludos mis tres lectores.

Noticias desde el centro.

Nadie escoge a la familia, dijo alguna vez una persona resentida e inconforme con lo que pasaba en su núcleo. Aunque es una aseveración correcta, las relaciones entre sus miembros son fuertes, algunas veces extrañas, dolorosas y difíciles, y a veces son sólidas a pesar de la distancia.

Eso sucede con Nena y Pato, mi hermana y mi sobrino. El día que nació Pato, estaba cerrando un negocio importante para la empresa para la que trabajaba en ese entoces y el primer impulso que tuve fue el de tomar el primer avión a Ciudad de México para estar con ellos. En aquel entonces mis finanzas me lo dejaban hacer. Al momento de solicitar el permiso necesario, mi jefe en turno me comentó que era menester el que prosiguiera con las negociaciones y que este menoscabo lo iba a reparar con un bono extra que nunca llegó. Así que viene a conocer a Pato en la semana mayor del año siguiente. La experiencia fue grata e inolvidable. Recuerdo a Nena dándole pecho al Pato y él nos veía riéndose y coqueteando con la mujer que llevaba en aquella ocasión. Este salió bueno pa las viejas, como su tío, dije orgulloso recibiendo como respuesta un silencio sepulcral.

La última vez que estuvimos juntos nos la pasamos bien. Es un niño con pelo a la Bob Patiño que canta, hace air guitar y tiene mucho sentido musical. Después de ese viaje yo soy, para él, Cocó que es su forma particular de decirme Gordo.

Hace unos minutos, mientras que el agua estaba bañando mi (cada vez) más escasa cabellera llamó Nena a la casa. Anunciaba su llegada a tierras juarenses a mediados del mes próximo. Viene con Pato. Mi cuñao se queda en la chamba. Casi me cae champú a los ojos cuando anuncia que está embarazada nuevamente.

Nena, esto es para ti. Sabes que te amo profundamente y que pediré mucho a Dios por tí y por el bebé que viene en camino.

Seré nuevamente, El Tío Badillín.

Dejo un video que hice con Pato.




jueves, 29 de enero de 2009

Maracay en las pupilas de sus ojos

a ratamary


-... la mayor parte de las cosas que existen se relacionan con las actividades económicas. En consecuencia se relacionan con la Contabilidad. Desde el gobierno, hasta el pequeño empresario. Desde el abogado, el médico, el cantante, el gran empresario, Bill Gates, Filippo Sindoni, la necesitan como el agua y el pan. Así que, no subestimen el poder de los números. Los Estados Financieros son las radiografías del alma de las empresas. Te dicen todo y a la vez nada. Los números por sí mismos no reflejan más que símbolos. Y es ahí donde viene la magia. La intervención interpretativa interna interdisciplinaria. ¿Me explico?


Salir corriendo del trabajo para dar clase en IUTA. Pensar en el proyecto fiscal para su especialización. Comprar caramelos antes de subir al camioncico y en él escuchar el comentario de la gente sobre el último triunfo de los Tigres de Aragua mientras que el reggeaton inunda la soledad acompañada de los que viajan en él. Lo detesto...-piensa, pero su pie derecho empieza a llevar el ritmo minimal, sexual, involuntariamente como se acostumbra uno a las cosas que no vienen al caso en un día más allá de la media semana, tocando y añorando los domingos soleados de libertad coartada por la familia, por las visitas a las casas de las abuelas para comer cachapas y mondongo, arepas, pasticho y todas esas cosas que engordan y que se disuelven con la ilusión de una buena ensalada, agua purificada al cien y la caminata obligada, el trajín del vaivén diario, cotidiano, inexplicable y remunerado. Por suerte le ha tocado un asiento junto a la ventana. Observa las calles arboladas. Los ríos de carros y sus luces amarillas, rojas y blancas. Las carteleras, Anastasio Girardot observando todo los días el esmog de la calle y el crecimiento de la ciudad ... Jardín, ni en sueños. Ya no hay más que asfalto, acero y hierro. Fuentes con agua estancada: verdosa como el discurso político del cambio en tercera; intrépido como el robo de base a home o el pisa y corre para anotar; ilógico como Chávez (¿chávez o no chávez?) que recorrió el horario media hora para sincronizar al sol venezolano con el sueño de los infantes bolivarianos... y por donde la veas siempre la Torre Sindoni domina el escenario matutino, vespertino y nocturno.
Y los días igual en la oficina contable. Desarrollando habilidades neutras y etéreas. Calculando contribuciones, reexpresiones de cifras, convirtiendo cifras a Bolívares Fuertes ocultando los ceros de la magnitud en una palabra que define más bien el ego y la sorna que la solidez de una economía nacional. Alguien le pregunta por teléfono que cómo está el clima y ella contesta que no hay ventana para saberlo, pero que en su cosmos personal hay aire acondicionado. El corazón no se enfría. Bendito ciberespacio que tiene el poder de abstraer y de regresar al mismo lugar en milésimas de segundo. Es como un oasis en el desierto de números. Desgarra el alma y es honesto. Palabras que ella misma no se imagina quién las lee. Ella transmite el mensaje y llega claro y conciso. Eficaz y correcto. Mi ayer es tu actualidad, algunas veces.
La noche es lo más amplia que uno puede pensar. En alguna esquina, el jaguar descansa y en un parpadeo la ciudad empieza a dormir para reposar de su larga jornada. En su cuarto, la luz de la antena de la Sindoni le destella en las pupilas y, de alguna forma, la ubica en su entorno y escribe. Y no cambiaria Maracay por nada del mundo. Ni por Caracas.






sábado, 24 de enero de 2009

Grandes diferencias en la igualdad.

Creo firmemente en los modelos matemáticos. Ellos pueden dar una relación sólida y una explicación concreta de los eventos que suceden en el Universo. Sin embargo, los que suceden en el terreno de los sentimientos pueden ser casi impredecibles. El amor así es.

Hace algunos días platicaba esta situación con un colega:

-Es en serio. Es como tener grandes diferencias en la igualdad.
- Eso matemáticamente es imposible.
- Matemáticamente. Pero ubícalo en el mundo donde eso puede ser posble.
- mmmmm... la lógica diría que esa es una falacia.
-Piénsalo...

Me quedé solo pensando en lo incongruente del hecho.

Realmente ella y yo somos demasiado iguales, pero las diferencias que nos separan me dan un indicio de lo imposible que el infinito puede ser.

Y eso es magia, pero también es perder el tiempo.

viernes, 16 de enero de 2009

En llamas.



-¿Has escuchado el sonido del fuego?- pregunta Jimi sorbiendo un vaso de wisky - Me queda una buena experiencia después de todo. Fue la vibración que movía las partículas del aire y la resonancia distorsionada de los altavoces a mi espalda. La primera vez que lo hice estaba muy drogado. - ríe- Demasiado drogado. Sólo alcance a sentir las llamas en mis manos y un dolor que parecía cosquillas en mis dedos que no dejaban de moverse. Ya en el hospital el doctor preguntó qué me había metido. “Heroína: dulce y bendita” le contesté sin chistar.-enciende un cigarro- “Pues cuando se baje del avión le dolerán un poco. Tome este analgésico y este desinflamante” Realmente me encontraba excitado. Te juro que vi colores danzando en las llamas como una pañoleta en el viento…
Lo mejor vino después. Días antes, me había encerrado a tocar como loco disipado en un cuarto lleno de espejos. Cada sonido que salía del amplificador llevaba magia y energía. Andaba demasiado motivado. No sé quién, pero alguien me dio algo muy potente. Sí. Toqué el cielo. Tardé dos días en calmarme. Decidí utilizar esa potencia en el escenario.-
apaga el cigarro en el cenicero- En el escenario del festival nadie pudo precisar lo que iba a hacer con ella. Me monté en ella y literalmente la estaba amando delante de todos. El sonido era increíble. Estaba excitado. Tomé el keroseno y rocié la guitarra. Encendí el cerillo. El sonido del fuego y las llamas danzando entre mis dedos preparaban el gran final al estrellarla contra el suelo, contra la batería y después aventarla al público…
Jimi termina de hervir la heroína en la cuchara y la dispone en la jeringa. Empuja la cánula. La inyecta en su vena. Sus pupilas se dilatan y ven el infinito.
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Esta es mi primera participación en Metatextos del año. El ejercicio se llama: Momentos Clave.
La Historia reclama este momento como cumbre en el Rock. Hendrix y su guitarra en llamas (quemando las conciencias).
Saludos a mis tres lectores. Fieles y serviles.

miércoles, 14 de enero de 2009

Adios sin bienvenida. (Kiss it all. Goodbye)

Matar lo que nunca nació.

Huir de las amenazas de las heridas abiertas, punzantes y sangrantes que dictan al cerebro.
Un no es un sí, pero tal vez quizá, en otro orden de ideas, eso no signifique algo más que un sí que no lleva a ningún lado: inútil como el teléfono fuera de servicio, inexpresivo como el estado de coma, amargo cuando la miel se convierte en hiel, tibio como negado al paraiso.

¿Y de qué poder hablar si, en realidad, siempre estuvimos en fuga?¿De canciones y avatares? ¿De sombras y miedos? ¿De almas y diablos? ¿De zorros y camaleones? ¿De las coincidencias y los espejismos del encantamiento a primera vista?...

Hablemos de cosas: de atardeceres en la playa y de diamantes en un anillo. De personas que no se pueden olvidar más allá de la muerte en vida. De la luna apareciendo en todo lo alto y reflejando la tristeza y la alegría, la cadencia y el ritmo, la sorna y la histeria, las luz sobre las luces de la ciudad, el llanto, el perro, la casa, el minuto, el aire, la brisa, el complemento, el conjunto universal, la negación positva, la reexpresión del alma, las dudas, el crímen y el dinero, de los disparos en la madrugada, del vino y la soledad. Del frío en el calor. De lo que provoca el fuego y lo que se quema. De los esqueletos de las rosas que se guardan en una caja. De las noches de retiro y del sueño al volante. Del sonido espectacular de las risas. De las marcas en tu cuerpo y en tu mirada.

Ya no hablemos de lo que está muriendo: de las palabras que ya no se dicen y que no expresan más que un adios sin bienvenida.

Una omega sin alfa.

Un final sin principio.

martes, 13 de enero de 2009

Obscuro.

Sólo logré definir el rostro afilado y precioso cuando el cigarro iluminó su cara. Lo que llamó la atención entre toda la oscuridad fue el brillo en sus ojos. Sentí un vacío intenso: el mismo sentimiento por el que uno decide, quince minutos antes perder el avión, o tirarse un clavado en la alberca para demostrar supremacía o amor. Recorrí su silueta con la mirada y descubrí el significado de la perfección en la soledad. Levantó su copa con Cognac y bebió un sorbo generoso, como lamiendo el fondo del recipiente. Luego, volteó hacia la ventana y lanzó la colilla a la calle. Observó con detenimiento el cielo de noche. Los astros iluminaban el ambiente. El apagón había durado gran parte de la tarde y la noche pintaba para enfrentar miedos y descubrir desaciertos. De darse cuenta de lo gastado del tiempo y de las patrañas que se inventan para tener la razón en todo.

- Tú sabes que el amor no es suficiente.
- Ni el dinero, ni la risa, ni el lenguaje.
- De perdida pon el mp3 con las bocinas para escuchar la radio.
- No hay luz en toda la ciudad. No creo que haya luz en las estaciones. Además no hay velas, ni linternas para buscarlo.
- Es curioso...
-¿Qué es curioso?
- Sin energía eléctrica te sientes incompleto. Las cosas inanimadas se vuelven todo lo contrario y nos pega a la cara la razón de lo solos que estamos sin esas cosas. Estamos unidos, pero extraños. Maldita televisión...

Recordé la primera vez que nos vimos y la comparé con ese segundo que acabó de pasar. En la oscuridad a veces se ver mejor las cosas que no se pueden ver a la luz. Descubrí lo ajeno y lejanos que estuvimos. Recogí los últimos restos de nuestro amor y salí a la calle. Un resplandor, quizá el efecto de la radiación en la atmósfera, me indicó que ese tiempo había terminado y sólo pude nuevamente sonreír: otra vez lo había hecho.

domingo, 11 de enero de 2009

Simulador.

(Anoche, en consulta con el Doctor de almas)

-Muy bien.. eso es todo Señor Montalvo.
- ¿Eso es todo? O sea, pago un dineral por cada cita a la que asisto con usted y me dice que la respuesta está sólo en mí...
- Pues.. sí. Efectivamente.
- Pues... no. No le creo.
-Más bien, Señor Montalvo, el que no cree en usted es usted mismo. ¿A poco no se ha dado cuenta que lo sé todo?
- (realmente sorprendido) ¿Qué es lo que sabe?
- Y todavía duda de mi experiencia...
- No Doctor. Si se ve que es usted un desgraciado...
- Shhhh. Shhhh. No me insulte Montalvo... El único desgraciado es usted.
- Vamos a la calle para ver quién es más desgraciado después que lo muela a golpes...
- Retírese inmediatamente de mi consultorio... es más... no vuelva más por aquí. Lunático.
- Doctor de merda... (y sale dando un portazo y llevando consigo el resultado de su último test)

Pinche doctor, no se ha dado cuentas que la mía está perdida en el almacén más frío y sucio de una ciudad norteña o en el hotel más solo y deteriorado de una parte que no viene en los mapas y lo que hago es simular que siento y sólo respiro...

jueves, 8 de enero de 2009

Última primera vez.

La primera canción que hice fue en Fa sostenido mayor (Invento espejismos).

La primera vez que creí en las coincidencias fue en Acapulco y después en Distrito Federal, en mi época de estudiante.

La primera vez que fui papá Fernanda me miró y creo que me sonrió cuando la tuve en mis brazos.

La primera vez que toqué fue en la cocina de mi casa a los meses de nacido con la cazuelas y cucharas de mi madre. Fue una gran demostración...

La primera vez que Dios me habló estaba ya muy lejos de ser el hombre que creí ser.

La primera vez que tuve una pasión verdadera se llamaron Los Beatles... después Borges.

La primera vez que cumplí un reto fue tocar la guitarra autodidactamente.

La primera vez que me rompieron la nariz fue porque le robé un beso a la novia del guey que me golpeó.

La primera vez que descurbrí que nada es eterno y realice muchas preguntas fue cuando mi abuelo murió.

La primera vez que escribí un cuento fue Aquella tarde.

La primera vez que amé algo fue indescriptiblemente absurdo, pero sentido... muy sentido.

La primera vez que me puse ébrio fue en un cumpleaños con sangría.

La primera vez que anoté un gol fue anulado.

La primera vez que dije una mentira todo el mundo la tomó como verdadera.

La primera vez que me gané un dinero fue apostando a las canicas.

La primera vez que no tuve nada, lo tuve todo.

La primera vez que choqué fue un accidente mayor sin menores consecuencias.

La primera vez que dije si fue porque no quedó de otra.

La primera vez que dije no fue porque ya me habían ganado la partida.

La primera vez que sentí necesidad por escribir en forma fue cuando hace algunos años atrás un hombre y su hijo comían un pan y una soda en una tienda mientras yo leía Cerca del Fuego de J. Agustín: recrear la frustación del padre al no poder darle más al niño de comer en contraste con la felicidad del pequeño en ese universo reducido fue el impulso que me llevó a desempolvar una máquina de escribir y a transcribir lo que había escrito sobre ese momento.

La última primera vez que me ha pasado es la de darme cuenta de que no hay muchas cosas que decir y que aunque sea por una vez más, el rito y la coincidencia se dejan ver en este espacio.

domingo, 28 de diciembre de 2008

El Eclipse.




En un cuarto blanco.
En un vuelo sin esacala del norte hacia el sur.
En una cueva.
En lo más escondido de la sierra.
En una banca del parque astral.
En la luz de la estrella que vigila de noche.
En el Mi sostenido inexistente.
En la cuerda universal que nos une y nos desune.
En el sabor de la saliva.
En el color de los sueños.
En la mente del perro y en la risa siniestra del gato.
En el sonido que se forma en medio del silencio.
En el cuarto menguante de la luna.
En la opresión y el desengaño.
En las sombras que dañan el alma.
En el líbido, en el secreto más escondido.
En la magia de llenar páginas sin sentido.
En el acto de mover, correr y respirar.
En la Historia y sus errores.
En el sustain de una guitarra distosionada.
En el fuego que calcina lo que antes eran ideas.
En la ecuación inequívoca de la verdad.
En el encuentro religioso de las palabras.
En lo más oscuro de mí donde se encuentra lo más luminoso de tu voz.
En lo más directo, en lo más vivo.
En el último centavo que has ganado y gastado.
En el último cuerpo que he acariciado.
En el vicio más oculto.
En las diferencias intangibles entre el cielo y el infierno.
En la vida de la muerte en vida.
En el frío del trópico, en el calor del ártico.
En el pecado y la redención.
En la escuela y en la calle.
En la lengua y en los dientes.
En el cuello y en el pecho.
En la hora que pasa.
En el concepto trascendental.
En el incosciente colectivo.
En el aleph y en el cenith.
En el más y en el alfabeto.
En la línea telefónica que nos une y desune.
En el espejo en el techo.
En cada uno de los puntos en que observas.
En cada moda, en cada tendencia.
En cada risa gastada.
En todo lo que se destruye.
En todo lo que piensas existe un eclipse que lo rompe, lo llena todo.

Septiembre 2001.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Quintaesencia

La quintaesencia se había perdido o más bien se había modificado. Las luces de la calle eran menos amarillas y más blancas. El frío ya no podía enfriar los ánimos ni coagular la sangre ni cicatrizar las heridas de nuestra ciudad. Las tiendas estaban vacías y la gente resguardada en casa. Las cosas cambiaron: la misa de gallo se realizaba de día y las imágenes por televisión señalaban que, aunque quisiéramos fingir; las cosas no mejorarían ni cercanamente el año después del siguiente año.

En ese orden de ideas, siete días antes del 31 de diciembre, sopló el viento en la ciudad. El cielo se tornó rojo a cierta hora de la noche. Muy poca gente lo notó, pero Juan, que estaba tendiendo sus cartones y sus cobijas sucias en la escalinata del abandonado Teatro Escarlata para disponerse a dormir, lo había intuido desde muchas horas atrás. Caminando por la Plaza Mayor, se encontró un perro flaco a medio morir. Se quitó su mugriento abrigo y lo abrazó con ternura e impotencia. Dijo:

- DIOS ¿POR QUÉ NOS HAS ABANDONADO?... RESPÓNDEME…

La tarde había transcurrido sin mayor ganancia que un pedazo de torta de pavo y un gorro de lana donado por una viejita rica. Se disponía a perderse en el sueño cuando sintió la necesidad de levantarse. Fue cuando pudo observarla frente a él.

-¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?
-No sé como decírtelo. No sé cómo explicarlo…
-Mírame. Jamás imaginé verme así.
-Ni yo a ti, papá. Técnicamente yo estoy dormida en la cama de un hotel en Ciudad de Panamá. Lejos de aquí.
- Te estoy soñando…
- Definitivamente…
- Te amo
Ya las doce habían sonado en el reloj de la catedral. No había nadie cerca. La luz pasaba muy cerca y todo se esfumaba.
- Eres el mejor regalo de Navidad que he podido tener.

Y respiró.

Despertó cuando el polvo de la barredora en su cara le regresaba a su realidad.
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Este es mi participación que no pude subir a Metatextos del cuento de navidad. Un cúmulo de imágenes y sentimientos por estas fechas decembrinas.

Felicidades a todos, pero sobretodo a tí.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

24 de diciembre.














Puedo decirte lo que sucedió una mañana como esta hace quince años. Después de un reventón de la universidad, dos noches antes, averié mi coche. Así que en el trabajo me prestaron una combi para trabajar. Ese día tuve que realizar unas entregas muy temprano, deje la camioneta en un estacionamiento, viajé en pecero hasta la oficina y estábamos dando el brindis cuando tu mamá marcó:




-Luis, ya.


-¿ Ya qué?


- Pos se me está poniendo la panza dura y luego blandita y luego dura


- En la madre...


- Sí. En la tuya. Apúrale...


- Voy, voy para allá. Pero, ¿En navidad?


- Sí, Badillo. Esto no tiene horario.




Recuerdo que abracé a todos, me bebí dos copas de Sidra Santa Claus y salí corriendo al periférico para tomar otro pecero para la casa donde vivíamos. Mientras, tu mamá preparaba el arbolito de navidad y le ayudaba a tu abuela Meche a cocinar la cena. Era complicado llegar rápido, así que decidí correr. Te digo que corrí con mucha fuerza sin cansarme y llegué relativamente rápido. Todavía esperamos un rato más mientras localizaba al doctor.




(De fondo "El Año Viejo" y muchas voces festivas.)






- Doctor Hernández, Buenas tardes


- Dígame Señor Badillo...


- Pues que a mi mujer le están dando las contracciones


- ¿En serio? (un sorbo a su bebida)


- Si. Doctor. ¿Qué hacemos?


- Debe ser algo de rutina porque a su señora le toca parir a principios de año, pero nos vemos en el hospital en una hora.


-De acuerdísimo


- Salud.




Arreglamos una maleta por si acaso tu mamá se quedaba en el hospital y yo estaba más nervioso que tranquilo. Quiero detenerme aquí para tratar de explicarte lo que sentí en ese par de horas. Por mi mente pasaron mis cortas experiencias, ya que recién había cumplido veinte (cinco años más de los que ahora cumples tú) y definitivamente me sentí temeroso: estaba a punto de ser papá, tu papá. Me imaginé estando contigo mucho tiempo después a tu lado, jugando, viéndote crecer y espantándote a los galanes. No sé, años después estoy escudriñando esta situación y no me alcanzan las palabras y la Lógica me ayuda un poco.




Llegamos relativamente rápido al Hospital México y a tu mamá le dieron ingreso por urgencias. El doctor llegó media hora después, medio pedón.




- A ver. ¿ Cómo se siente?


- Pues parece que voy a explotar; se me pone dura la panza y luego se afloja y cada vez es más rápido.


- Déjeme ver, déjeme ver... Señora, está muy dilatada... Se me hace que esta noche va a pasar navidad con niña nueva...




Y así fue como llegaste a este mundo a las 6:00 pm de hace quince años. Pudeo decir que lo primero que se asomó fue tu nariz preciosa. Fui el primer hombre en tenerte en brazos. Fui el primero al verte nacer. Debo decirte que ese momento lo llevaré siempre.




Tú sabes que día a día todos cambiamos. Te tocó vivir cosas muy difíciles, lo sé. Te pido una disculpa por no haber sabido ser quien ahora soy. Tu ausencia ha sido difícil. Ha sido como apostar todo al caballo capaz al que se le rompe una pata yardas antes de cruzar la meta.




Pasan los días y mi mayor miedo es el no saber nunca más de tí.




Feliz cumpleaños, Fernanda. Te amo, hija.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Fuera de foco.

Gravity
Is working against me
And gravity
Wants to bring me down
John Mayer. Gravity
I.



Seguramente fue parte de un sueño:



De repente vino la sensación de haber vivido lo que estaba pasando y de inmediato el sudor frío apareció en la mente. Entendí por fin que las palabra "aún" es condenatoria y adherente como pegamento bajo los pies cuando se camina por el tiempo presente. Sentí miedo; ese miedo que trasciende y que hace que el mundo se detenga y que corra una cascada por la espalda electrizada. Ya supe que venía, pero fue extraño. Como si el fin anunciara el principio del filme de una vida extraña y siempre movida en la ruta del lado marrón, del claro oscuro indefinitorio e inconsistente. Lo primero fue la vista... una nube que empezó como un punto luminoso en medio de la vista como en la mirilla de un arma: de colores al ambar, del blanco al negro, del positivo al negativo y después el punto infinito de luz. De todos modos, no lo vi llegar. Fue como la lluvia de repente en un día soleado. Después fue uno a uno de mis sentidos sobrantes: un sabor amargo en la lengua, un hormigueo en las manos, un zumbido fuerte en los oidos, un olor a nada y a todo... y yo ya no era dueño de mí, o al menos de la última escencia que yo imaginaba controlar. Una serie, dos y un temblor en las piernas me indicaron que tenía que caer. No quise quedar así. Me arrastré un poco por el pavimento mojado y vi que mis rodillas sangraban por la fuerza con la que caí sobre ellas, pero yo ya no sentía nada y todo, poco a poco estuvo fuera de todo alcance, fuera de foco.


II.


Seguramente fue parte de un sueño:


No sé, pero esperaba con ansias a que llegaras, a que te sentaras frente a mí en el lugar que dispuse para tí en la mesa. Esperaba a que llegaras y no sé porqué; había sido un día normal y te esperaba como todas las noches, pero en ese día había sucedido algo que quería contarte: iba manejando por la avenida principal y de repente, en la radio, el locutor presentó una canción quehace años no escuchaba y me pregunté lo que estarías haciendo cuando esa canción sonaba por todas partes (12 ó 15 años atrás). Sentí la necesidad de decirte que cuando escuchaba esa canción pensaba recurrentemente en el color azul tungsteno y que mi corazón se hacía pequeño al grado de encogerse al mínimo sentimiento y de repente explosionar de manera vibrante. Quise hacerlo, pero la realidad me dijo que tú estabas más lejos que la distancia que separa el ayer y el hoy. Alcance a ver el calendario fuera de foco y, al momento de graduar la vista, los nueves se volvieron en ceros, las horas en días y los meses en años. Indefinidamente, los años en lustros, en décadas...


III.

Seguramente este cuento jamás fue contado.

X le digo una vez al Sr. Z que era necesario hacer un ajuste a la máquina que producía los sueños de M.

-M ya no es el mismo desde que juega a no soñar, Sr. Z
- Mmmmmm. Un caso intersante, X. ¿Por qué lo dice?
- M sueña piedras y flores, cuando antes veía las notas musicales en su mente y se despertaba y corría al piano a transcribir la música que descubría durante el sueño. Al menos, su existencia era más amena, pero soñar recurrentemente con piedras y flores lo ha diezmado. Es algo que no ha podido soslayar. Piedras y flores que se vuelven números, cadenas y grilletes. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué puede hacer, Sr. Z? Todo en él parece estar fuera de foco...
- Suena algo raro, pero dará resultado: tendrá que correr y tomar té.
- ¿Con Prozac?
- Nada más poquito. La máquina estará como nueva en unos meses. No muchos, pero lo suficiente para que vuelva a echarla a perder. Y que se compre un sombrero nuevo.
- De acuerdo

La primera noche que lo hizo, M experimentó el paralelismo sueño-T.V. y soñó sangre, disparos y tristeza y juró no quedarse despierto con el televisor encendido (o al menos, no olvidar ponerle sleep).

- Esta realidad es preferible que esté fuera de foco...

Corte.

martes, 16 de diciembre de 2008

Diez snapshots (parte II)

1
Son las diez menos cuatro cuando suena el teléfono.
La contestadora da el mensaje y recibe uno: es el mismo de todas las noches cuando no hay nadie en casa. Al escuchar la voz recuerdas tu condena.

2
Avanzas por la avenida.
La luna te toma desprevenido de frente: es de noche y casi ilumina como el sol de día.

3
Ella toma tu mano. La mira y se rie de tus dedos pequeños.
- Pequeños, pero de grandes hechos.
Ella pícaramente sonríe.

4
La escena en Los 120 días de Sodoma...
Al ver lo que comían, el estómago retumbó...
(realmente estaba excitado...)

5
La escena final en Los 120 días de Sodoma...
Ella mira la pantalla fijamente con un signo de interrogación en la cara...
(La miras por el rabillo de tu ojo izquierdo: parece un ángel que brilla)

6
Saturno, Venus y La luna. Un triángulo perfecto.

7
La sensación de polvo en la cara, en la nariz, en las orejas,
muerdes literalmente el polvo y estás vivo...
eres un beduino

8
La promesa en el mar:
Devolveré la botella con el mensaje si prometes enviar el mapa.

9 La promesa en el viento:
Te digo que si no se vuela, se cae al suelo y de ahí no pasa.

10
Ganas cinco pesos en el billete de lotería instantánea: pero has gastado veinte.
La suerte no tiene precio.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Hoy...

Hoy es mi cumpleaños número 35. Estadísticamente estoy a la mitad de mi vida, siendo mexicano nacido en la década de los setentas, aunque últimamente el factor de mortandad se ha visto modificado por el uso de varios mexicanos de una técnica de alimentación adecuada lo que asegura, al menos, otros 10 a 15 años más de longevidad. Sinceramente, yo he utilizado nulamente dicho estilo de nutrición por lo que, sin problema, podré vivir esta edad sin ningún problema, al menos que a los 56 me dé un infarto como a mi padre que, empeñando hasta la risa, logró pagarse una operación de cateterismo el cual lo tiene vivo y con treinta kilos menos de cuando le sucedió. Obviamente, espero tener la cantidad de dinero suficiente para poder pagar dicha operación si llegase a sucerderme. Creo que el sexo ha ayudado a que mi corazón vibre lo suficiente y que el bamboleo pum/pum/pum que sucede en el momento del orgasmo disuelva los triglicéridos que se forman en mis arterias... jejejejeje... ya sé... peco de modesto... pero no miento. Patentaré dicha técnica sí a esa edad la libro.





En la mañana, me levanté temprano para dar mis clases maratónicas de contabilidad (impuestos), lógica y álgebra. Mis alumnos, en especial mis alumnas, me dieron un megapastel de chocolate y tres leches. Además, me dijeron cosas preciosas sobre el compañerismo y lo importante de tener a un profesor como yo. Les comenté que en los cinco años que llevo dando clase, jamás me habían dado ni un pinche abrazo mis condenados alumnos y se me salieron las de cocodrilo. Mi carnala me felicitó desde temprano y mi sobrino también. Alguien muy especial para mí hizo todo lo posible para que yo pasara bien la tarde de mi cumpleaños y en un rato más comeré pastel con mi familia. Por cierto, mi abuela de 86 años olvidó mi cumpleaños y casi casi como un flash lo recordó dando un grito y abrazándome con una fuerza insólita. Dice que yo la saqué de trabajar, hace justamente 35 años. Justamente, acabo de hablar con mi hija Ana Luisa y me comentó lo siguiente:


-Hola, papi...


-Hola, mi cielo... hoy es mi cumpleaños...


-¿Si, papá? ¿Cuántos cumples?


- 35.


- Son muchos...


- Asi es...


- ¿ Y va a haber piñata en tu fiesta?.


(para mí: vamos a colgar a tu abuela materna y le vamos a dar de palazos)


- Jajajajaja... claro que no, aunque ahora que lo dices....





Desde hace mucho, veladamente, he manifestado en este blog mis tres anhelos más fuertes en esta vida y que, de alguna forma. regiran el principio de esta mitad nueva y reluciente de mi nuevo periodo de días. Hoy en la mañana mi alumno Jonhatan me preguntó cuántos años quería vivir. Inmediatamente pensé en Matusalén y sus novecientos sesenta y tantos años. Qué no habrá hecho... obviamente me falta publicar mi libro ("Insensatez" está a medio cocinar, la apertura de mi nuevo negocio y el arreglo de mi situación personal lo ha retrasado incluso mi participación en Metatextos, que por cierto dejé a medias el cuento navideño que me pidieron y que publicaré la semana que entra en Señal de Blog), ser un buen cristiano (no ser uno tibio) y formar una familia funcional, arreglando la disfunción de las anteriores. Pero sobretodo, entregarme al cien porciento en las garras del amor. De ese amor que muchas veces negué y que ahora lo siento en los huesos y en el aire que respiro. Ahora entiendo a Borges y sus "Diecisiete Haikus" (La luna llena, ella la mira desde otro puerto...).



¿Qué me depara esta ciudad de alas y balas? No lo sé... Eso sí... he llegado a una determinación. O mejor dicho a varias en este día:



1.- Este espacio tiene 5 años más de vida... sí vivo para entonces, estaré escribiendo el último post de este espacio el 13 de diciembre de 2013, justamente en mi cumpleaños 40. Espero poder rememorar este instante y poder realizar el análisis de cada momento que me depara este lapso.
Si existe una mejor herramienta cibernética de expresión, la utilizaré sin lugar a dudas,

2.- La amistad es algo muy complicado, al menos para mí. Todas mis pseudoamistades han sido confusas e irreales. Por ello, procuraré en la medida de lo posible tener algún amigo o dos para experimentar esa pequeña felicidad que es contar con una persona en las buenas y malas. Creo que sí no la encuentro, haré a Librado Manrrique el mejor de mis amigos imaginarios.

3.- Dedicaré mi tiempo a trabajar como burro sin mecate y perredista. Jugaré beisbol. Adelantaré los proyectos inconclusos y determinaré lo que es importante para llegar al perfeccionamiento humano. Definitivamente, terminaré mi novela. No volveré a participar en el NaNoWriMo (prefiero calidad a cantidad).


Parece que todo pinta bien.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Miedo.

- Preferiría a estar muerto que a vivir con miedo.
- ¿En serio?
-Definitivamente.
-No digas eso, los niños te pueden escuchar.
- ¿Cuáles niños si ya no vienen a la escuela? Mira cuántos vienen... seis.
- Cierto... Las madres ya no los mandan por el miedo; la ciudad se paraliza en las noches porque ya nos han robado la magia de la oscuridad; qué tal si te toca una bala perdida en la cabeza... hay demasiado estrés en los pequeños y el miedo está latente... Deberíamos armarnos y disparar esas cien balas que me platicaste y no tanto al cielo, pendejito, si no al que quiera pasarse de listo... y espérate... en la última narcomanta dice que se va a poner peor...
- ¿No quisieras tener alas y balas para disparar y huir completamente?
- Si. Eso quisiera y quisieran tener la mayoría de la gente. Sólo a tí se te ocurre poner un negocio en el centro del huracán.
- Preferiría estar muerto que a vivir con miedo. El miedo ya lo he sentido y lo he superado. Estoy preparado a lo que venga. En esta ciudad me han asaltado más de cinco veces en diversos negocios. Pero la ciudad es nuestra, no de los sicarios, ni de los militares, judiciales, ministeriales, federales, municipales, policletos y otros. La ciudad es de mis hijos, de mis padres y de los hijos y padres de mis amigos. La ciudad es de Dios. Debe ser de él.
- Santurrón!. Pena de muerte para todos los secuestradores y matones. Para todo el que se quiera pasar de listo.
- Eh.. tienes miedo. Te tiembla el flan.
- Ja. Tú sabes que si...
- No le saques... quien vive la tormenta, se hace más fuerte...
- Necesitamos que el Cruz Azul gane la final... eso necesitamos...
- Necesitamos que Cuauh se quede en el Santos...
- ¿ Vas a Torreón? Jajajajajajajaja.
- Pendejo...

(como ya es costumbre, un rechinido de llantas se escucha a lo lejos. Las detonaciones de un fusil, de una pistola y de un AK-47 destroza la lámina gruesa de una camioneta de modelo reciente... los que están en el interior parecen queso gruyere enchilado, por la sangre casi naranja que brota por cada uno de los orificios que las balas han hecho en sus cuerpos, que ahora son parte de una masa amorfa... Alas y balas)

jueves, 27 de noviembre de 2008

Alas y balas

Se sentó en un borde angular del terreno y dibujó con la punta de su índice dos círculos concéntricos en el suelo. La sensación del polvo en la garganta y su boca seca, la falta de agua y el sudor en su cara le demostró nuevamente que estaba en un plano real. Uno y medio lexatín no fueron suficientes para dormir la noche anterior. Lo pensó y repasó uno a uno los movimientos que hizo para salir de la casa por la ventana hecha astillas.


-La sangre no engaña y las balas tampoco- pensó en voz alta mientras se dio cuenta que sus piernas no respondían a la intención de moverse.


-No te preocupes, lo he decidido yo- contestaba el otro, que era él mismo desde otra perspectiva –no te moverás más- mientras daba un certero puntapié en la espalda del que estaba en el suelo ahora revolcándose del dolor.


-¡Hazlo de una buena vez! Matar a tu asesino es justicia…


- ¿Recuerdas ayer que disparamos al cielo cuando anochecía y parecía que cada estrella era el impacto de las balas en la bóveda celeste? Lo creíste todo. Eres un imbécil. Noventa y nueve disparos y uno que estará muy pronto en tu cuerpo…


- Cien estrellas…


Un golpe con la cacha del arma en la cabeza le ensombreció la mirada. Inmediatamente descubrió la razón de las cosas que estaban en el sobre que llegó días antes junto con las instrucciones de vuelo.


- En fin…


Cuando la bala entró por el cráneo tuvo frío y creyó firmemente que el hecho era libertador. Sintió una eterna felicidad por el que lo veía, ahora, con los ojos puestos en un charco de sangre…

Despertó casi a medio día con el cuaderno de anotaciones a un lado. El arma aún estaba tibia.

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Dejo mi última participación en Metatextos. Este es un texto difícil y complicado y hace referencia al suicidio, al menos en papel.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El mundo probable de las coincidencias.

A lo largo de mi vida, la coincidencia y el azar ha estado presente como en la mayoría de los seres humanos de esta tierra. De hecho, puedo decir que los grandes eventos que me han sucedido se deben a la conjunción de este elemento. Podría citar varios casos, pero el más reciente es el que detallo a continuación:

Regresé a vivir nuevamente al centro del espiral que no tiene final en mayo de este año dos mil ocho. Los motivos se fueron dando especialmente para que yo decidiera regresar a casa y creo firmemente que ha sido un acierto el haberlo hecho. Poco tiempo después, estaba formado en la fila de un cajero sacando dinero y me encontré a una amiga que hace años, pero muchos años, no veía. Nos abrazamos y ella me dijo que justo había pensado en mí, en mis huesos y en mi suerte. Hice un resumen muy breve y ella preguntó que sí pudiera realizar una sinopsis de ella cuál sería a lo que, después de pensar un momento, dije: La andanza de un caballero norteño y la lucha eterna con sus sentimientos buscando la felicidad a través de la coincidencia... La verdad no sé por qué dije eso y ella no le prestó mucha atención a lo que inmediatamente dijo: ojalá puedas leer mi blog. Esa noche lo leí y le metí mano al mío que tenía varios meses de no ser alimentado. En uno de sus post, alguien comentó algo que me pareció inteligente y mordaz e inmediatamente me fui a la liga de su perfil. Descubrí que era un hombre de mi edad y que vivía en Juárez. Entré a su blog y lo primero que vi fue que participaba en un taller que se llama Metatextos. Una cosa me fue llevando a la otra así que esa noche decidí incluirme en el mismo taller y desempolvar la cesera y dirigirla hacia el lado creativo, oscuro y mundano por un tiempo. Digamos que era el ápice de la montaña que me faltaba por escalar para darle la importancia, el tiempo, el espacio y la disciplina de escribir. Digamos, también, que agradecí ampliamente la motivación involuntaria dejándole un comentario. Obviamente, la vorágine de ideas llegó y empecé a escribir. Algunos de mis textos en el taller han sido considerados como sobresalientes y otros desafortunados (los menos). Sin embargo, y dentro de este toma y daca de ideas, pensé en escribirle a esta persona para invitarle a departir conceptos y una plática además de agradecerle por lo que involuntariamente hizo, cosa que jamás hice por angas o mangas. Poco después empecé a dar clase y esto me llevó a invertir mi tiempo en estudiar, prepar clases y atender el negocio de la familia. Hasta aquí los acontecimientos pueden sonar normales y ñoños. Lo sé...

Hace unas semanas, entró a dar clase un profesor nuevo. Por lo general, en los descansos entre clase y clase, todos los profesores cruzamos alguna palabra. Me presenté con él y su nombre se me hizo muy familiar. Hace poco leí nuevamente el blog de esta persona y en uno de sus post insertó una fotografía. Descubrí inmediatamente que el nuevo profesor era mi "motivador involuntario".

No hace mucho, me acerqué a él y le dije: ¿Usted cree en las coincidencias cósmicas?...

Prometí un post al respecto.

jueves, 13 de noviembre de 2008

La travesía de un viaje kitsch.

Fue sencillo enrolarse en la vertiente la primera vez. Dejarse llevar por la corriente semanal al abrir la compuerta de las ideas y de las razones de las palabras, de los puntos, de las comas, de los sentimientos más escondidos en el fondo de una caja de metal donde están las fotos y las hojas de cuadernos viejos. Es fácil imaginarse el detonar la bomba; inmediatamente la lluvia de ideas inunda cada rincón y es inevitable la referencia onírica, la que hace que cada día se escriba algo en automático.

Por lo general todo va fluyendo. Todo va trasponiendo a los lugares comunes y rápidamente el check list del viaje anterior evita que se cometan los mismos errores: al menos se sabe que un sábado o un domingo se puede esbozar un argumento que se verá influido por la desesperanza del lunes y habrá un sentimiento completamente no inspirado. El agua mojará la cubierta de la nave entre martes y miércoles, cuando el resto de los navegantes ya encontraron la vertiente y la hacen su aliada. Para ese entonces, las velas estarán gastadas, los motores enmohecidos y el capitán de la nave tendrá ganas de saltar por la borda.

Sin embargo, el jueves descubrirá entre las tres o cuatro de la madrugada la razón por la que pretende cada semana terminar la travesía (un raro sueño determinará la ruta más conveniente) y se despertará, utilizará el astrolabio, mirará la ubicación de las estrellas y descubrirá lo kitsch que puede ser el llegar al destino. De vez en cuando sonreirá cuando se acuerde de aquel gato de porcelana con cuentas doradas. Será lo mismo que llegar al final.

Lo hará otra vez. Zarpará a la misma hora y en el mismo lugar.

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Este es el último texto que he subido a Metatextos. Esta edición del taller literario es meramente contemplativa, ya que Metatextos cumple un año. Participar en este taller me da la oportunidad de desarrollarme en mis habilidades de redacción

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Un avance del NanoWrimo

Para mis lectores más fieles, un avance de la novela INSENSATEZ.

NANOWRIMO 1

Librado miró el mar por enésima vez esa tarde. El sol se escondía por el horizonte y recordó la última vez que en el verano sintió las cálidas aguas en sus pies, en sus piernas y recordó, sobretodo, la hinchazón que un agua-mala le hizo en la nalga izquierda y la tremenda cantidad de hielo que tuvieron que utilizar para curarlo. La nostalgia lo invadió de repente y pensó en las únicas tres veces en que el mar se imponía en su mente como una magnificencia:

En el ferri de Cancún a Isla Mujeres , con el cielo de noche, el sonido de los motores de la embarcación y del mar abriéndose al paso de la máquina con sus cientos de carros abordo, y la gente en la proa viendo la inmensidad y el vacío del color negro de la noche como un velo que se corría en cada milla náutica que avanzaba el acorazado. Librado era un niño gordo y cachetón que usaba una gorra de boy scout verde. La rapidez de la nave y lo eclipsante del momento hizo que por un momento Librado se perdiera en sus pensamientos como casi siempre sucedía cuando escuchaba una canción o comía un pedazo de pay de piña o cuando experimentaba esa sensación que le recorría la garganta, el esófago y llegaba al estómago revolviéndose con un escalofrío electrizante en todo su cuerpo cuando pensaba que un día iba a ser adulto y que posiblemente, dentro de diez o quince años, a esa misma hora, pudiese estar con la mujer de su vida y muerte y que pudiesen viajar por ese mar que, ahora, se tragaba su gorra porque el viento la había volado de su cabeza. Al ver el punto verde que desaparecía en fade out a la nada oscura se imaginó a ese mar de la noche como un monstruo devorándose una luneta y sintió miedo. Se quedó de pie un buen rato hasta que la sensación pasó por completo.

-Librado… ¿y la gorrita?
- Se voló, mamá.
-¡Ay, Libre! Nunca cuidas tus cosas. Llegando a Isla Mujeres te compro otra.

Y así eran las cosas siempre fáciles para Librado. Un juguete nuevo, una pelota, un caramelo, otro plato de comida, una mala calificación, un pleito en la escuela hasta que descubrió que conseguir lo que se anhela es más difícil que concatenar palabras para un discurso o luchar contra corriente por lo que uno cree. Inevitablemente, recordó lo que no había conseguido por méritos propios y deseó con vehemencia que ella estuviera con él en ese momento. Un día, llegando de la escuela, dijo:

-Mami: ¿Cómo hago para que Rosy sea mi amiga?
-¿Rosy? ¿Quién es Rosy?
-Una niña que tiene ojos bonitos…

En esos días, Librado se dio cuenta de tres verdades: las mujeres no eran bombones que mami daba de postre, los niños eran crueles cuando golpeaban y que las niñas siempre prefirieron al más hábil en el deporte, en las peleas y que no importaba la inteligencia. No podía negar que esa humillación lo marcó de una manera triste, pero solía reír después cuando recordaba la golpiza que le propinó “Davicito” a su nariz, que años después derivaría en un cuadro de tabique desviado, rinitis y múltiples intentos fallidos por restablecer la confianza en sí mismo durante los años de su niñez.

-Tenían razón, pero al menos conseguí una foto con ella

La tercera fue que hay cosas que debes contarlas a mamá y otras a papá, pero la mayor parte a ninguno de los dos.

-Librado, estás pensado en niñas y ni siquiera levantas tus juguetes. En vez de preguntarme cómo le haces para que esa mocosa sea tu amiga, deberías decirme “Madre, ¿En qué te ayudo aquí en la casa?”

-Esther, deja en paz a Libre. ¿No ves que está enamoriscado?- Reía papá mientras llevaba los platos a la mesa.
-¿Enamorado?, si todavía se orina en la cama.
-¡No es cierto, mamá! ¡Se me cayó el jugo de piña en la cama!
-No es cierto, Librado. Te hiciste pipí…
-¿Es cierto eso, hijo?
-No papá. Se me cayó el jugo, pues…
-Eres un mión... eres un mión
-Ya, papá. Ya.
-¿Papayá? No. Papaya.
-Déjame en paz.
-Hijo, mañana cómprale un dulce y dile que quieres ser su amigo. Fácil y sencillo. En serio. Pon la sal y las servilletas, mión.
-¡Papá!

Lo peor de todo fue que después de la golpiza que el niño-engendro le puso, Librado sentía algo más fuerte por Rosy. Con la camisa llena de sangre y mirándola a los ojos le dijo:

-¡No importa, Rosy, lo que me duele más es este gordo corazón! ¡Te quiero…!

Rápido llegó el fin de cursos y las vacaciones a la vuelta de la esquina. Por eso, esa noche en el ferri, Librado ya no era el mismo, al menos por dentro y el mar le revelaba una mezcla de sentimientos encontrados y lo llevó a pensamientos sobre su futuro: ¿Qué era? ¿Qué era el tiempo? ¿Quién decide apagar o prender la luz en el alma? ¿Qué es la vida? ¿Por qué el abuelo había fallecido? ¿Quién lo había decidido?... hay preguntas que definitivamente los padres nunca saben contestar convincentemente o no deberían, más bien, y la respuesta se encuentra inherente en donde surge cada uno de esos cuestionamientos.

-Librado, qué te lo diga tu papá…
-Librado, qué te lo diga tu mamá…
-¡No mames, primo! Déjame jugar Intelevision.

Esa noche el mar tenía la solución a los cuestionamientos, pero lo hacía planteando otros. Y esa fue la tónica del por qué el mar le resultaba enigmático, magnificente y complejo.

La segunda ocasión, Librado descubrió que el mar de Acapulco no le gustaba, pero había algo que le dictaba que esa latitud marcaría su vida. A diferencia del mar del Caribe, esa parte del Pacífico le resultaba nauseabunda: pañales sucios, basura, descargas de aguas negras de los hoteles llenos de turistas de diversas nacionalidades literalmente flotando sobre un paisaje gris, despidiendo un olor desagradable y miles de personas caminando por la Costera Miguel Alemán, sobre todo en la noche cuando la acción en el puerto cobraba vida y cambiaba su fisonomía. El mar ocultaba sus destierros y regalaba el reflejo de las luces multicolores: la de los estrobos intermitentes, la de los neones chillantes y fosforescentes; aquellas que salían de las casas de Las Brisas y aquella que giraba desde el faro el cuál iluminaba la habitación 706 del Romano’s Le Club. Horas antes, por la tarde, en la playa, Librado trato de perder el tiempo buscando una correlación de su nombre con el nombre de Raquel Moreno, escribiéndolos con una rama en la arena, mientras la gente se volvía loca en Pie de la Cuesta revolcándose con las olas que cada vez chocaban más violento en la orilla y el agua alcanzaba el lugar donde Librado estaba y borraba las letras. Inmediatamente sacó su libreta de viaje y anotó:

“Hoy dibujé tu nombre junto al mar
Para ver si así podíamos estar en la eternidad.
Hoy dibuje tu nombre en el aire
Para ver si así podía respirar más de ti…
Y fue tanto el tiempo perdido en encontrar
Sólo un signo de tu paz…
Pintaremos de luz el invierno
Pintaremos luz al infierno
Te llevaré a ese lugar oscuro
Donde sólo estemos tú y yo,
Tú y yo…”

En ese mismo momento Raquel Moreno vivía una experiencia diferente, concisa y determinante que cambiaría totalmente su vida. Aunque ella quería mucho a Librado y a sus diecisiete años cargados de adrenalina, siempre buscó algo diferente que no la asfixiara tanto como él lo hacia. Y no tanto porque literalmente le quitara el aire, sino que era un cúmulo de ideas y de cosas lo que aplastaban aquel sentimiento que lo volvía oscuro y, a veces, sin sentido. Así que dejó las complicaciones y mientras aquel hombre la besaba pensó que se liberaba de un destino sin destino; de una carta sin noticias agradables con remitente desconocido, de noches sin sentido y se dejó llevar y cayó lentamente en el abismo que la liberó. Algo realmente complejo que Librado pudo entender después de regresar de ese viaje.

Dos días antes de irse a casa, Librado pasó meditando sobre su futuro más próximo y tuvo mucho que ver el juego de luces que en la Costera regalaban los barcos de guerra que celebran el día de la Armada. La gente se impactaba con la iluminación artificial del cielo y su espejo reflejo en el mar. Era como ver dos manifestaciones por el mismo boleto y esa era la magia que el espacio regalaba. Librado pudo ver tonalidades diferentes de rojo y de amarillo. De sepia colorido y marrón tenue. El humo de la pólvora avanzaba inexorable a la multitud que no supo qué era lo que pasaba en un pequeño bote que se empezó a incendiar y que explotó con un sonoro estruendo haciendo vibrar las ventanas de los hoteles aledaños y de las casas sobre las colinas y las montañas. Alguien dijo que la casa de Rod Hudson sufrió algún daño en sus puertas. Unos gabachos dijeron que cómo era posible que sucediera eso en Acapulco. Que había una falta de organización tremenda y que en Houston eso no podía pasar. Librado, dándoles la espalda, los escuchaba detenidamente y volteó:

-Tienen razón. Es muy peligroso para ustedes, sobre todo para su cara.
-¿Perdón?
-Si. ¿Por qué no se largan de aquí? Ustedes son los que huyen de sus lugares de origen y se ocultan en lo más “curioso” y “exótico” del mundo, pero mira pendejo…
-¿Pen.. dejo?
-Si, pendejo. Has de ser un muerto de hambre en Houston y aquí con tus dólares compras todo

lo que no puedes tener allá. Así que sí no te gusta te aguantas y te callas, güero de mierda…

Lo dicho: Librado podía ser el hombre más sensible pero el más agresivo y cualquier discusión que tuviese lo hacía tambalear en su dualidad de carácter. Podía estar bien encabronado pero, después, le daban ganas de llorar como un niño. Todo esto cortesía de la sobreprotección de su familia.

En la mañana siguiente y después de haber llorado por el incidente de la noche anterior, se fue a una playa de Punta Diamante, pasando el aeropuerto. Realmente era difícil encontrar una playa virgen en toda la vorágine que era la Costera. Era increíble y el mar no apestaba. Relucía limpio y revuelto. La arena era café y había un restaurante de mársicos bien kich y barato. Al fondo una lancha para pesca estaba flotando en el mar. Librado era todo menos un buen nadador así que desde niño fue el personaje que nadaba en la orilla de la playa con esnórquel, visor y aletas. Una ocasión de tantas que fue a Caleta con su abuela se encontró a un montón de niños nadando hasta lo más hondo y tuvo ganas de hacerlo como ellos pero al momento de querer seguirlos sintió miedo al ver que ya no tocaba la arena del fondo y ya no pudo regresar tan fácil como había llegado hasta ese punto. Una niña, con un lunar junto a la boca, se dio cuenta de que Librado se estaba literalmente ahogando y se acercó prudentemente.

-…pérame… ahorita te saco.

Una ola tapó la cabeza de Librado y sintió la sal del mar quemando su garganta. Por un momento imaginó que Neptuno le hablaba desde el fondo.

-Ahora sí, Libradito… Te llevó la chingada. Prepárate a bajar al Hades. Pero antes, tienes que secarte. Pareces una sopa.
-Ni madres… yo no me voy y menos en Caleta. Posiblemente en Pie de la Cuesta, pero aquí no.
- ¡No me hables así! ¿No te das cuenta de quién te habla?
- Claro que sé quién eres. El mismo que hace todo lo contrario a proteger este mar, cabrón. Pero ¿qué tal las costas de Alaska, el Báltico o el Mar de Gabón? Eres un culero.
-¿Qué quieres? Si todos ustedes son unos salvajes… mira cómo destruyen todo. Si vieras que más adelante hay una virgen y una isla con un burro que bebe cerveza te darías cuenta de lo que hablo… qué loco es todo y la locura se combate con indiferencia y olvido.
-Chinga tu madre, Neptuno. Yo no muero aquí. A parte, tú si que eres puro pedo…

De repente, un brazo le rodeó el cuello y lo regresó a la superficie del agua.

-¡Nada de muertito…! ¡no te asustes… ya casi salimos!.

Al llegar a la orilla, la niña se montó en la panza de Librado y un chorro de agua salió por su boca.

-Niño..¿Estás bien? –preguntó la niña experta nadadora de diez años de edad y con una habilidad increíble para resolver problemas complejos para su edad. Por supuesto que le había salvado la vida a Librado: otra cosa extraordinaria que hizo Patito, como la llamaban todos los amigos -¿Cómo se te ocurre nadar hasta allá si no sabes?

- ¿Qué quieres? Se me hizo fácil.-contestaba aturdido Librado. ¿Dónde están mi esnórquel y mis aletas?

- Olvídalas, chilanguito.- respondía Patito con una sonrisa pícara que resaltaba sus facciones filipinas y su lunar.

- ¡Achis! ¿Cómo sabes que soy de allá?

- ¡No, nada más decía! Le atiné…

En eso la abuela apareció con su conjuntito bañador disímbolo corriendo con un coctel Margarita en la mano y trastabillando la voz.

-Libre… mi’jo. ¿Estás bien? Vamos al hospital para que te revisen. ¿Qué cuentas le voy a entregar a tus padres?

-No te preocupes, abuela. Todo está bien.

-En serio hasta el pedón se me bajó, Libre.

Patito se levantó, le dio una palmada a Librado en el hombre y se metió al mar. Las huellas de sus pies en la arena se formaban y se borraban cuando el agua las tapaba. Librado, recostado vio la silueta de Patito dibujarse a contraluz por el sol que le caía de frente e inmediatamente pensó en una sirena.

-Te la pelaste, Neptuno.

Librado observó que toda la gente estaba ya en la lancha y la voz de Jeannine Durán le llamaba desde arriba.