El frío en el despacho aumentó en el amanecer. Era invierno y sábado. La mañana me encontró sentado en el escritorio, frente a mi computadora y realizando el trabajo pendiente para dejar todo arreglado en mi ausencia y viajar. Supe que su salud no era óptima, pero jamás creí que fuera tan rápido y sorpresivo su deterioro. El día anterior Berenice marcó y me dio un panorama poco alentador.
-Deja todo y ven. En estos momentos todo puede pasar y le haces falta. Apúrate. Puede que alcances…
-Sí, no te preocupes. Vuelo en cuando pueda.
Entre papeles y el sueño, antes de las siete, sonó el teléfono.
-Librado. Es inútil. Acaban de desconectar los aparatos. No hay remedio…
-¿Está consciente?
-Pidió hablar contigo.
-Acerca la bocina...
Un silencio. Una respiración cortada.
-Quisiera abrir lentamente mis venas, mi sangre toda verterla a tus pies… Sombras nada más, entre tu vida y mi vida…- canté
- Librado, todo fue posible. Me hiciste falta.
-Tú también a mí. Ayer me acordé de muchas cosas…
-Yo también. Te soñé…
-No he podido encontrar boleto para viajar. La Navidad…
- Yo lo sé. Yo lo sé… tengo que decirte algo…
-No hables… escúchame…
-Sé feliz, Librado. Nada es tan importante como ser feliz…
-Lo sé; claro que lo sé…
-Leí lo que publicaste en El Peregrino. Muy triste… demasiado.
- La tristeza es un sentimiento eterno, la felicidad sólo llena los huecos.
- El círculo no es cuadrado… hace rato me desperté y estaba soñando que te decía esto: encuentra al pez, no te pierdas en colocar el cebo…
Un silencio. Una exhalación.
En la bocina se escuchó el llanto de Berenice y el golpe del teléfono en el suelo. En la ventana se veía la nieve que caía de pronto y cerré los ojos.
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Queridos tres lectores menos uno:
Este es mi último relato en Metatextos. El ejercicio Momentos Finales.
Cuando lo escribí tenía en mi mente a Carl Sagan... no sé por qué...
In memoriam de Maclovia, mi abuela.
Bendiciones.
Una rápida mirada a un saco de huesos de más de treinta que ha vivido toda la gama de consistencias y texturas que ofrece la vida
jueves, 26 de febrero de 2009
martes, 17 de febrero de 2009
Invitación
Invitando a que se den una vuelta a Desperdicio de letras.
La tarea fue algo sin pies ni cabeza.
De mis manos salió ésto.
Saludos
La tarea fue algo sin pies ni cabeza.
De mis manos salió ésto.
Saludos
viernes, 13 de febrero de 2009
Locura Instantánea.
I
Era el tiempo de descubrir. Lo obscuro de la habitación era iluminado por los flashazos y el sonido característico de la Polaroid: el regalo perfecto.
- ¡No la chingues, Humberto! ¡Ando enseñando hasta las anginas!- Cecilia, lentamente, se incorporaba en la cama revuelta.
- Así es, corazón, pero sólo te he tomado con la sábana puesta.
- Ni creas que me vas a tomar una foto encuerada, Humberto. Imagínate sí la llega a ver alguien en tu casa… No se te vaya a ocurrir pegarlas en tu pared.
- ¡Bruja! Me adivinaste el pensamiento…
- ¡No seas pendejo! ¡Dame esa cámara!
- Ceci, considera esto como el inicio de nuestro archivo personal. Claro que no las voy a poner a la vista de todos. Estas se quedan bien adentro… del cajón.
- A ver… a ver, en ese caso deja te tomo una…
- ¡Tómame esta! – gritaba Humberto, mientras se abalanzaba hacia Cecilia.
II
Todo el mundo comentó el eclipse y lo raro de vivir dos amaneceres en un mismo día. Humberto no dejó pasar la oportunidad: tomó las imágenes más extrañas, utilizando la cámara práctica Durante el punto máximo del evento, contempló la inmensidad cuando volteó al cielo, desafiando las recomendaciones públicas. Observó un color diferente en el aro de luz que tapaba al sol e hizo los disparos.
- ¡Estás cabrón!- gritaba Cecilia.
III
Era aún temprano cuando el locutor daba las noticias de un levantamiento armado al sur del país. Humberto, más dormido que despierto tomaba la Polaroid y sacaba la última foto de Cecilia. Un día después, partió sin decir nada. La silueta a contraluz y de fondo la persiana de la ventana que daba a la calle Saltillo, de la Condesa y de repente Fito cantando: La veo cruzar cruzando un bosque; la veo alejándose de mí…
IV
El largo álbum de fotos marcaba una larga tendencia a la locura ordinaria que cambió, se transformó y se hizo más cruda después de 17 años cuando ya el modelo 95 se había descontinuado y el mundo ya era digital.
******************************************************************************
Metatextos. Publicado a destiempo. Inspirado en una canción de Fito Páez.
Dos tres. Dos tres.
Muchas gracias.
Era el tiempo de descubrir. Lo obscuro de la habitación era iluminado por los flashazos y el sonido característico de la Polaroid: el regalo perfecto.
- ¡No la chingues, Humberto! ¡Ando enseñando hasta las anginas!- Cecilia, lentamente, se incorporaba en la cama revuelta.
- Así es, corazón, pero sólo te he tomado con la sábana puesta.
- Ni creas que me vas a tomar una foto encuerada, Humberto. Imagínate sí la llega a ver alguien en tu casa… No se te vaya a ocurrir pegarlas en tu pared.
- ¡Bruja! Me adivinaste el pensamiento…
- ¡No seas pendejo! ¡Dame esa cámara!
- Ceci, considera esto como el inicio de nuestro archivo personal. Claro que no las voy a poner a la vista de todos. Estas se quedan bien adentro… del cajón.
- A ver… a ver, en ese caso deja te tomo una…
- ¡Tómame esta! – gritaba Humberto, mientras se abalanzaba hacia Cecilia.
II
Todo el mundo comentó el eclipse y lo raro de vivir dos amaneceres en un mismo día. Humberto no dejó pasar la oportunidad: tomó las imágenes más extrañas, utilizando la cámara práctica Durante el punto máximo del evento, contempló la inmensidad cuando volteó al cielo, desafiando las recomendaciones públicas. Observó un color diferente en el aro de luz que tapaba al sol e hizo los disparos.
- ¡Estás cabrón!- gritaba Cecilia.
III
Era aún temprano cuando el locutor daba las noticias de un levantamiento armado al sur del país. Humberto, más dormido que despierto tomaba la Polaroid y sacaba la última foto de Cecilia. Un día después, partió sin decir nada. La silueta a contraluz y de fondo la persiana de la ventana que daba a la calle Saltillo, de la Condesa y de repente Fito cantando: La veo cruzar cruzando un bosque; la veo alejándose de mí…
IV
El largo álbum de fotos marcaba una larga tendencia a la locura ordinaria que cambió, se transformó y se hizo más cruda después de 17 años cuando ya el modelo 95 se había descontinuado y el mundo ya era digital.
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Metatextos. Publicado a destiempo. Inspirado en una canción de Fito Páez.
Dos tres. Dos tres.
Muchas gracias.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Veinte minutos
Posiblemente, los últimos veinte minutos de un partido de futbol sean los más intensos. En ese tiempo el rumbo de las cosas puede cambiar, a diferencia de otros deportes de competencia. Su equivalente en el beisbol es la séprima entrada. Los últimos veinte minutos de una clase son pesadísimos y más cuando llevas casí doce horas dando materias. Los últimos veinte minutos de la hora de la comida son letales, sobretodo si el tráfico en la hora pico es insufrible.
Hubo una vez, que en veinte minutos el resto de lo que fue mi vida se decidió. Pasado, ya.
No hace mucho, hubo veinte minutos donde unos ojos se encontraron en la misma dirección y que sin quererlo esos veinte minutos hicieron que la noche se convirtiera en intensidad, que las madrugadas se convirtieran en los testigos de la huida, que los días fueran nada más en pasos y que las cosas dejaran de ser las mismas.
Veinte minutos que se han convertido en horas, días y meses de sensaciones y pensamientos. Veinta minutos que han roto el esquema.
Veinte minutos, en promedio, para escribir lo que siento.
Hubo una vez, que en veinte minutos el resto de lo que fue mi vida se decidió. Pasado, ya.
No hace mucho, hubo veinte minutos donde unos ojos se encontraron en la misma dirección y que sin quererlo esos veinte minutos hicieron que la noche se convirtiera en intensidad, que las madrugadas se convirtieran en los testigos de la huida, que los días fueran nada más en pasos y que las cosas dejaran de ser las mismas.
Veinte minutos que se han convertido en horas, días y meses de sensaciones y pensamientos. Veinta minutos que han roto el esquema.
Veinte minutos, en promedio, para escribir lo que siento.
martes, 10 de febrero de 2009
... y todo lo demás constante.

Nunca hubo un siempre
ni lodo que manchara las manos.
Al final quedaba el olvido
para de alguna forma encontrarnos.
Y así se fueron yendo lentamente
las cosas más importantes,
el aire para el alma,
la luz para el espíritu,
la calma para la conciencia,
el reflejo para el destino.
Nunca hubo un siempre
ni nunca un hasta luego.
Sólo la sensación gastada de
la fricción en el tiempo,
que moldea y estira
y conforma algo que a veces dejo de ser,
algo que es extraño y confuso
en forma de alas y balas
que a veces uso para escapar
y en el preciso instante
que elevo el vuelo y del cielo
bajo la vista y observo
la casa, el estudio, los miedos,
la cama, el reloj, los libros
y en el espejo
las canas, las arrugas, los lunares,
la barba, las señas particulares,
todo, todo, todo cambia
... y todo lo demás constante.
Hay un sólo camino,
pero es difícil seguirlo.
Es simple la verdad de las cosas,
pero no es sencillo entenderlo.
Hay algo que nubla la vista en mis ojos
y distorsiona los colores,
duplica la imagen,
oscurece el día.
Es lo que tiene la misma
sensación cuando descubres la
respuesta equivocada
y la correcta pasa en un carro
a alta velocidad,
y te sientes perdido
y avanzas en la ruta
porque el corazón y el sentido
han estado comprometidos
y todo, todo, todo
todo ésto tiene movimiento...
y todo lo demás constante.
Todo, todo, todo
todo ésto tiene movimiento....
y todo lo demás constante.
Nunca hubo invierno,
ni adios sin despedida...
y todo lo demás constante.
domingo, 8 de febrero de 2009
La feria de las convicciones
Una noche, después de que terminé de leer Ficciones, de Borges tenía la firme convicción de dejarme llevar en el caudal de escirbir lo que me viniera en gana. Era invierno y el frío hizo que me agasapara hasta de la última cobija. Además, no hacía mucho había finalizado algo que no concluía del todo ell enfriar la tibieza del lado derecho de mi cama. Un algo de lazos, de horas y promesas en el olvido. Me convencí de no pasar nuevamente por ello. Gran equivocación.
Tenía quince y tenía la fuerte convicción del rock and roll. Hace unas horas platicaba sobre lo diferente que fue mi adolescencia a la del promedio. Una adolescencia con adelantos y profundidades, de libros y de instrumentos musicales. De sueños con notas y de canciones una tras otra. En mi cumpleaños dieciséis prometí una casa en Cuernavaca a mi madre, la que sería ganada con la Fender Stratocaster que me regaló. Tenía la fuerza y la voluntad para eso y más.
A principios de este siglo, mi convicción fue participar en proyectos comunitarios. Estaba covencido que las coberturas, el engranaje social a través de la unión de la sociedad civil cambiaría el pequeño universo de nuestros grandes problemas. Logré grandes cosas que aún permanecen en la ciudad. Es una sensación extraña el haber sido originador anónimo de estos cambios.
He estado convencido de tantas cosas. Puedo hacer una feria con ellas:
1.- Amor es lo que acaba, origina y transforma este mundo.
2.- El azúcar no debe ser sustituida por la sacarina, pero el corazón no lo permite
3.- La nota más enigmática es el ré sostenido.
4.- Tienes que vivirlo para escribirlo, pero debes detenerte a tiempo
5.- El Mustang es el mejor automóvil que uno puede tener
6.- El sexo en la playa no es como en la tele, ni el cine
7.- Cuando termine tu vida, un perro te ayudará a cruzar por el camino final
8.- Un día el amor que tuve no fue suficiente. Es por eso que ya no lo desgasto en pequeñas esferas
9.- Sólamente tres veces estuve convencido de cambiar el rumbo de las cosas y fallé en dos.
10.- Si ellas estuvieran aquí a mi lado, el silencio me dificultaría el explicar el por qué de las cosas
11.- Vinicio Castilla el mejor beisbolista de México
12.- Stockhausen puede definir la sensación cuando reviso el pasado de mi vida
15.- Ahorrar dinero es la fuerza
16.- Moverse siempre es mejor que quedarse quieto
17.- La violencia nos hace cumplir el reto de quedarse inmóvil
18.- Moriré a los cuarenta. El sueño lo reveló...
19.- Las palabras, el sonido, lo más alto en la escala de mi alma
20.- Un no a tiempo pudo cambiar el rumbo
Ahora, estoy convencido de que nada conviene si no estás comprometido.
Tenía quince y tenía la fuerte convicción del rock and roll. Hace unas horas platicaba sobre lo diferente que fue mi adolescencia a la del promedio. Una adolescencia con adelantos y profundidades, de libros y de instrumentos musicales. De sueños con notas y de canciones una tras otra. En mi cumpleaños dieciséis prometí una casa en Cuernavaca a mi madre, la que sería ganada con la Fender Stratocaster que me regaló. Tenía la fuerza y la voluntad para eso y más.
A principios de este siglo, mi convicción fue participar en proyectos comunitarios. Estaba covencido que las coberturas, el engranaje social a través de la unión de la sociedad civil cambiaría el pequeño universo de nuestros grandes problemas. Logré grandes cosas que aún permanecen en la ciudad. Es una sensación extraña el haber sido originador anónimo de estos cambios.
He estado convencido de tantas cosas. Puedo hacer una feria con ellas:
1.- Amor es lo que acaba, origina y transforma este mundo.
2.- El azúcar no debe ser sustituida por la sacarina, pero el corazón no lo permite
3.- La nota más enigmática es el ré sostenido.
4.- Tienes que vivirlo para escribirlo, pero debes detenerte a tiempo
5.- El Mustang es el mejor automóvil que uno puede tener
6.- El sexo en la playa no es como en la tele, ni el cine
7.- Cuando termine tu vida, un perro te ayudará a cruzar por el camino final
8.- Un día el amor que tuve no fue suficiente. Es por eso que ya no lo desgasto en pequeñas esferas
9.- Sólamente tres veces estuve convencido de cambiar el rumbo de las cosas y fallé en dos.
10.- Si ellas estuvieran aquí a mi lado, el silencio me dificultaría el explicar el por qué de las cosas
11.- Vinicio Castilla el mejor beisbolista de México
12.- Stockhausen puede definir la sensación cuando reviso el pasado de mi vida
15.- Ahorrar dinero es la fuerza
16.- Moverse siempre es mejor que quedarse quieto
17.- La violencia nos hace cumplir el reto de quedarse inmóvil
18.- Moriré a los cuarenta. El sueño lo reveló...
19.- Las palabras, el sonido, lo más alto en la escala de mi alma
20.- Un no a tiempo pudo cambiar el rumbo
Ahora, estoy convencido de que nada conviene si no estás comprometido.
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Queridos tres lectores, les invito a leer mi colaboración en el blog Desperdicio de Letras en donde se toma el pretexto de un tema para sólo escribir. Cazar al lobo. Navegar el barco.
El tema de esta semana: Libre Albedrío.
Saludos
El tema de esta semana: Libre Albedrío.
Saludos
miércoles, 4 de febrero de 2009
Simultáneo.
15
La luna nueva
ella tambien la mira
desde otro puerto.
17 Haiku. J.L. Borges
Una vez hubo nada más fuego. Fuego y tierra sobre distancias temidas cubiertas con neblina y agua en las noches frías. Poco a poco el tiempo se fue encasillando en calendarios, en relojes, en Times Square, y las mañanas con sus tardes y noches ya pasaron a formar días, semanas, meses y años. Demasiados años. La distancia no se hace corta, se alarga cada día más. Hubo alguna vez, además, todo el tiempo del mundo. Todas las ideas y todos los sentimientos. Ahora, el mundo se ve a través de un cilindro: se ve la luz al final y el reflejo de todo nuestro universo de cosas y, al observarlo, es inevitable pensar en que llegar a sentir la luz, más de cerca, puede ser tarea imposible.
Una noche, después de mil cosas en un día a principios de semana, la luz se hizo terriblemente más cegadora y atractiva. Manejando por las avenidas a deshora, descubrí que de alguna forma ella observaba la misma luna en su sueño, el cual no interrumpí al levantarme e irme. La misma luna que es insoportablemente redonda y brillante, descubrió, como hace tiempo no lo hacía, la frialdad y la inercia en la que pasa la vida.
- ¿Ya viste la luna?- pregunta llamando por teléfono
- Sí. Increible- contesto maravillado.
- De acuerdo. Adios- y cuelga.
Sin poder detener ese pensamiento me pregunto si esa misma luna la estarán viendo en Monterrey, en Ciudad de México, Panamá, Maracay, Anchorage, Vancouver, Acapulco, Huatulco, San Carlos, Hermosillo...
La fuerza de lo simultáneo. Dilema eterno.
viernes, 30 de enero de 2009
Paso del Norte
qué lejos te vas quedando...
Dieciséis canales de televisión libres. Una estrella brillando en la montaña. Un mensaje sobre lo que es la verdad. Una conexión de dos naciones con una barrera avanzada de un lado sobre un río seco y robado. Dos banderas ondeando. Un corazón asustado. Circunvalación de luces. Mujeres rotas y perdidas confundiéndose con cruces conmemorativas en las calles. Chimeneas y descargas industriales. Avenidas principales con límites de velocidad baja y sus policías agazapados en vehículos nuevos y potentes con radares listos para atracar. El paraíso de la cerveza. Un Divo. Una jaula. Mil Biblias. Un bosque en la ciudad. La sombra de la muerte brillando de vida. El amor a las cloacas camuflajeadas con focos rojos. El desierto en medio del desierto, la mancha en la honorabilidad. El cambio y el fuego. Filas de carros interminables para compartir un poco del americanwayoflife (pinche dólar está bien caro, pero no hay pedo). La otrora gloria fastuosa. Música de Los Tigres del Norte y Conjunto Primavera. Dos temperaturas sin punto medio. El miedo y la nicotina, el caballo y el perro, los gatos al anochecer. Inviernos ya sin nieve después de veranos candentes. Verónicas. Almas. Julietas sin Romeos. Engranes, libros y ángeles. Aranceles, contrabando, corrupción. Tarahumara perdido en Sierra Maestra: “el último que quede que apague la luz”. Consulado y pasaportes. Buchanans con fútbol en el estadio tercermundista. Día de baile con botas boleadas, lo piteado a la cintura. Fiestas de maldad. Prohibido prohibir el robo de base de tercera a home. Odio y amor. Sed y ternura en lo más sonoro de una risa mientras suena el clín de la “cora” que cae por el espiral: has ganado el pozo de la máquina tragamonedas y te ha alcanzado, otra vez, para una hamburguesa en McDonalds. Walmart abre las 24 horas. Qué felicidad.
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Mi último ejercicio en Metatextos. Sin palabras.
Saludos mis tres lectores.
Noticias desde el centro.
Nadie escoge a la familia, dijo alguna vez una persona resentida e inconforme con lo que pasaba en su núcleo. Aunque es una aseveración correcta, las relaciones entre sus miembros son fuertes, algunas veces extrañas, dolorosas y difíciles, y a veces son sólidas a pesar de la distancia.
Eso sucede con Nena y Pato, mi hermana y mi sobrino. El día que nació Pato, estaba cerrando un negocio importante para la empresa para la que trabajaba en ese entoces y el primer impulso que tuve fue el de tomar el primer avión a Ciudad de México para estar con ellos. En aquel entonces mis finanzas me lo dejaban hacer. Al momento de solicitar el permiso necesario, mi jefe en turno me comentó que era menester el que prosiguiera con las negociaciones y que este menoscabo lo iba a reparar con un bono extra que nunca llegó. Así que viene a conocer a Pato en la semana mayor del año siguiente. La experiencia fue grata e inolvidable. Recuerdo a Nena dándole pecho al Pato y él nos veía riéndose y coqueteando con la mujer que llevaba en aquella ocasión. Este salió bueno pa las viejas, como su tío, dije orgulloso recibiendo como respuesta un silencio sepulcral.
La última vez que estuvimos juntos nos la pasamos bien. Es un niño con pelo a la Bob Patiño que canta, hace air guitar y tiene mucho sentido musical. Después de ese viaje yo soy, para él, Cocó que es su forma particular de decirme Gordo.
Hace unos minutos, mientras que el agua estaba bañando mi (cada vez) más escasa cabellera llamó Nena a la casa. Anunciaba su llegada a tierras juarenses a mediados del mes próximo. Viene con Pato. Mi cuñao se queda en la chamba. Casi me cae champú a los ojos cuando anuncia que está embarazada nuevamente.
Nena, esto es para ti. Sabes que te amo profundamente y que pediré mucho a Dios por tí y por el bebé que viene en camino.
Seré nuevamente, El Tío Badillín.
Dejo un video que hice con Pato.
Eso sucede con Nena y Pato, mi hermana y mi sobrino. El día que nació Pato, estaba cerrando un negocio importante para la empresa para la que trabajaba en ese entoces y el primer impulso que tuve fue el de tomar el primer avión a Ciudad de México para estar con ellos. En aquel entonces mis finanzas me lo dejaban hacer. Al momento de solicitar el permiso necesario, mi jefe en turno me comentó que era menester el que prosiguiera con las negociaciones y que este menoscabo lo iba a reparar con un bono extra que nunca llegó. Así que viene a conocer a Pato en la semana mayor del año siguiente. La experiencia fue grata e inolvidable. Recuerdo a Nena dándole pecho al Pato y él nos veía riéndose y coqueteando con la mujer que llevaba en aquella ocasión. Este salió bueno pa las viejas, como su tío, dije orgulloso recibiendo como respuesta un silencio sepulcral.
La última vez que estuvimos juntos nos la pasamos bien. Es un niño con pelo a la Bob Patiño que canta, hace air guitar y tiene mucho sentido musical. Después de ese viaje yo soy, para él, Cocó que es su forma particular de decirme Gordo.
Hace unos minutos, mientras que el agua estaba bañando mi (cada vez) más escasa cabellera llamó Nena a la casa. Anunciaba su llegada a tierras juarenses a mediados del mes próximo. Viene con Pato. Mi cuñao se queda en la chamba. Casi me cae champú a los ojos cuando anuncia que está embarazada nuevamente.
Nena, esto es para ti. Sabes que te amo profundamente y que pediré mucho a Dios por tí y por el bebé que viene en camino.
Seré nuevamente, El Tío Badillín.
Dejo un video que hice con Pato.
jueves, 29 de enero de 2009
Maracay en las pupilas de sus ojos
a ratamary
-... la mayor parte de las cosas que existen se relacionan con las actividades económicas. En consecuencia se relacionan con la Contabilidad. Desde el gobierno, hasta el pequeño empresario. Desde el abogado, el médico, el cantante, el gran empresario, Bill Gates, Filippo Sindoni, la necesitan como el agua y el pan. Así que, no subestimen el poder de los números. Los Estados Financieros son las radiografías del alma de las empresas. Te dicen todo y a la vez nada. Los números por sí mismos no reflejan más que símbolos. Y es ahí donde viene la magia. La intervención interpretativa interna interdisciplinaria. ¿Me explico?
Salir corriendo del trabajo para dar clase en IUTA. Pensar en el proyecto fiscal para su especialización. Comprar caramelos antes de subir al camioncico y en él escuchar el comentario de la gente sobre el último triunfo de los Tigres de Aragua mientras que el reggeaton inunda la soledad acompañada de los que viajan en él. Lo detesto...-piensa, pero su pie derecho empieza a llevar el ritmo minimal, sexual, involuntariamente como se acostumbra uno a las cosas que no vienen al caso en un día más allá de la media semana, tocando y añorando los domingos soleados de libertad coartada por la familia, por las visitas a las casas de las abuelas para comer cachapas y mondongo, arepas, pasticho y todas esas cosas que engordan y que se disuelven con la ilusión de una buena ensalada, agua purificada al cien y la caminata obligada, el trajín del vaivén diario, cotidiano, inexplicable y remunerado. Por suerte le ha tocado un asiento junto a la ventana. Observa las calles arboladas. Los ríos de carros y sus luces amarillas, rojas y blancas. Las carteleras, Anastasio Girardot observando todo los días el esmog de la calle y el crecimiento de la ciudad ... Jardín, ni en sueños. Ya no hay más que asfalto, acero y hierro. Fuentes con agua estancada: verdosa como el discurso político del cambio en tercera; intrépido como el robo de base a home o el pisa y corre para anotar; ilógico como Chávez (¿chávez o no chávez?) que recorrió el horario media hora para sincronizar al sol venezolano con el sueño de los infantes bolivarianos... y por donde la veas siempre la Torre Sindoni domina el escenario matutino, vespertino y nocturno.
Y los días igual en la oficina contable. Desarrollando habilidades neutras y etéreas. Calculando contribuciones, reexpresiones de cifras, convirtiendo cifras a Bolívares Fuertes ocultando los ceros de la magnitud en una palabra que define más bien el ego y la sorna que la solidez de una economía nacional. Alguien le pregunta por teléfono que cómo está el clima y ella contesta que no hay ventana para saberlo, pero que en su cosmos personal hay aire acondicionado. El corazón no se enfría. Bendito ciberespacio que tiene el poder de abstraer y de regresar al mismo lugar en milésimas de segundo. Es como un oasis en el desierto de números. Desgarra el alma y es honesto. Palabras que ella misma no se imagina quién las lee. Ella transmite el mensaje y llega claro y conciso. Eficaz y correcto. Mi ayer es tu actualidad, algunas veces.
La noche es lo más amplia que uno puede pensar. En alguna esquina, el jaguar descansa y en un parpadeo la ciudad empieza a dormir para reposar de su larga jornada. En su cuarto, la luz de la antena de la Sindoni le destella en las pupilas y, de alguna forma, la ubica en su entorno y escribe. Y no cambiaria Maracay por nada del mundo. Ni por Caracas.
sábado, 24 de enero de 2009
Grandes diferencias en la igualdad.
Creo firmemente en los modelos matemáticos. Ellos pueden dar una relación sólida y una explicación concreta de los eventos que suceden en el Universo. Sin embargo, los que suceden en el terreno de los sentimientos pueden ser casi impredecibles. El amor así es.
Hace algunos días platicaba esta situación con un colega:
-Es en serio. Es como tener grandes diferencias en la igualdad.
- Eso matemáticamente es imposible.
- Matemáticamente. Pero ubícalo en el mundo donde eso puede ser posble.
- mmmmm... la lógica diría que esa es una falacia.
-Piénsalo...
Me quedé solo pensando en lo incongruente del hecho.
Realmente ella y yo somos demasiado iguales, pero las diferencias que nos separan me dan un indicio de lo imposible que el infinito puede ser.
Y eso es magia, pero también es perder el tiempo.
Hace algunos días platicaba esta situación con un colega:
-Es en serio. Es como tener grandes diferencias en la igualdad.
- Eso matemáticamente es imposible.
- Matemáticamente. Pero ubícalo en el mundo donde eso puede ser posble.
- mmmmm... la lógica diría que esa es una falacia.
-Piénsalo...
Me quedé solo pensando en lo incongruente del hecho.
Realmente ella y yo somos demasiado iguales, pero las diferencias que nos separan me dan un indicio de lo imposible que el infinito puede ser.
Y eso es magia, pero también es perder el tiempo.
viernes, 16 de enero de 2009
En llamas.
-¿Has escuchado el sonido del fuego?- pregunta Jimi sorbiendo un vaso de wisky - Me queda una buena experiencia después de todo. Fue la vibración que movía las partículas del aire y la resonancia distorsionada de los altavoces a mi espalda. La primera vez que lo hice estaba muy drogado. - ríe- Demasiado drogado. Sólo alcance a sentir las llamas en mis manos y un dolor que parecía cosquillas en mis dedos que no dejaban de moverse. Ya en el hospital el doctor preguntó qué me había metido. “Heroína: dulce y bendita” le contesté sin chistar.-enciende un cigarro- “Pues cuando se baje del avión le dolerán un poco. Tome este analgésico y este desinflamante” Realmente me encontraba excitado. Te juro que vi colores danzando en las llamas como una pañoleta en el viento…
Lo mejor vino después. Días antes, me había encerrado a tocar como loco disipado en un cuarto lleno de espejos. Cada sonido que salía del amplificador llevaba magia y energía. Andaba demasiado motivado. No sé quién, pero alguien me dio algo muy potente. Sí. Toqué el cielo. Tardé dos días en calmarme. Decidí utilizar esa potencia en el escenario.- apaga el cigarro en el cenicero- En el escenario del festival nadie pudo precisar lo que iba a hacer con ella. Me monté en ella y literalmente la estaba amando delante de todos. El sonido era increíble. Estaba excitado. Tomé el keroseno y rocié la guitarra. Encendí el cerillo. El sonido del fuego y las llamas danzando entre mis dedos preparaban el gran final al estrellarla contra el suelo, contra la batería y después aventarla al público…
Jimi termina de hervir la heroína en la cuchara y la dispone en la jeringa. Empuja la cánula. La inyecta en su vena. Sus pupilas se dilatan y ven el infinito.
Lo mejor vino después. Días antes, me había encerrado a tocar como loco disipado en un cuarto lleno de espejos. Cada sonido que salía del amplificador llevaba magia y energía. Andaba demasiado motivado. No sé quién, pero alguien me dio algo muy potente. Sí. Toqué el cielo. Tardé dos días en calmarme. Decidí utilizar esa potencia en el escenario.- apaga el cigarro en el cenicero- En el escenario del festival nadie pudo precisar lo que iba a hacer con ella. Me monté en ella y literalmente la estaba amando delante de todos. El sonido era increíble. Estaba excitado. Tomé el keroseno y rocié la guitarra. Encendí el cerillo. El sonido del fuego y las llamas danzando entre mis dedos preparaban el gran final al estrellarla contra el suelo, contra la batería y después aventarla al público…
Jimi termina de hervir la heroína en la cuchara y la dispone en la jeringa. Empuja la cánula. La inyecta en su vena. Sus pupilas se dilatan y ven el infinito.
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Esta es mi primera participación en Metatextos del año. El ejercicio se llama: Momentos Clave.
La Historia reclama este momento como cumbre en el Rock. Hendrix y su guitarra en llamas (quemando las conciencias).
Saludos a mis tres lectores. Fieles y serviles.
miércoles, 14 de enero de 2009
Adios sin bienvenida. (Kiss it all. Goodbye)
Matar lo que nunca nació.
Huir de las amenazas de las heridas abiertas, punzantes y sangrantes que dictan al cerebro.
Un no es un sí, pero tal vez quizá, en otro orden de ideas, eso no signifique algo más que un sí que no lleva a ningún lado: inútil como el teléfono fuera de servicio, inexpresivo como el estado de coma, amargo cuando la miel se convierte en hiel, tibio como negado al paraiso.
¿Y de qué poder hablar si, en realidad, siempre estuvimos en fuga?¿De canciones y avatares? ¿De sombras y miedos? ¿De almas y diablos? ¿De zorros y camaleones? ¿De las coincidencias y los espejismos del encantamiento a primera vista?...
Hablemos de cosas: de atardeceres en la playa y de diamantes en un anillo. De personas que no se pueden olvidar más allá de la muerte en vida. De la luna apareciendo en todo lo alto y reflejando la tristeza y la alegría, la cadencia y el ritmo, la sorna y la histeria, las luz sobre las luces de la ciudad, el llanto, el perro, la casa, el minuto, el aire, la brisa, el complemento, el conjunto universal, la negación positva, la reexpresión del alma, las dudas, el crímen y el dinero, de los disparos en la madrugada, del vino y la soledad. Del frío en el calor. De lo que provoca el fuego y lo que se quema. De los esqueletos de las rosas que se guardan en una caja. De las noches de retiro y del sueño al volante. Del sonido espectacular de las risas. De las marcas en tu cuerpo y en tu mirada.
Ya no hablemos de lo que está muriendo: de las palabras que ya no se dicen y que no expresan más que un adios sin bienvenida.
Una omega sin alfa.
Un final sin principio.
Huir de las amenazas de las heridas abiertas, punzantes y sangrantes que dictan al cerebro.
Un no es un sí, pero tal vez quizá, en otro orden de ideas, eso no signifique algo más que un sí que no lleva a ningún lado: inútil como el teléfono fuera de servicio, inexpresivo como el estado de coma, amargo cuando la miel se convierte en hiel, tibio como negado al paraiso.
¿Y de qué poder hablar si, en realidad, siempre estuvimos en fuga?¿De canciones y avatares? ¿De sombras y miedos? ¿De almas y diablos? ¿De zorros y camaleones? ¿De las coincidencias y los espejismos del encantamiento a primera vista?...
Hablemos de cosas: de atardeceres en la playa y de diamantes en un anillo. De personas que no se pueden olvidar más allá de la muerte en vida. De la luna apareciendo en todo lo alto y reflejando la tristeza y la alegría, la cadencia y el ritmo, la sorna y la histeria, las luz sobre las luces de la ciudad, el llanto, el perro, la casa, el minuto, el aire, la brisa, el complemento, el conjunto universal, la negación positva, la reexpresión del alma, las dudas, el crímen y el dinero, de los disparos en la madrugada, del vino y la soledad. Del frío en el calor. De lo que provoca el fuego y lo que se quema. De los esqueletos de las rosas que se guardan en una caja. De las noches de retiro y del sueño al volante. Del sonido espectacular de las risas. De las marcas en tu cuerpo y en tu mirada.
Ya no hablemos de lo que está muriendo: de las palabras que ya no se dicen y que no expresan más que un adios sin bienvenida.
Una omega sin alfa.
Un final sin principio.
martes, 13 de enero de 2009
Obscuro.
Sólo logré definir el rostro afilado y precioso cuando el cigarro iluminó su cara. Lo que llamó la atención entre toda la oscuridad fue el brillo en sus ojos. Sentí un vacío intenso: el mismo sentimiento por el que uno decide, quince minutos antes perder el avión, o tirarse un clavado en la alberca para demostrar supremacía o amor. Recorrí su silueta con la mirada y descubrí el significado de la perfección en la soledad. Levantó su copa con Cognac y bebió un sorbo generoso, como lamiendo el fondo del recipiente. Luego, volteó hacia la ventana y lanzó la colilla a la calle. Observó con detenimiento el cielo de noche. Los astros iluminaban el ambiente. El apagón había durado gran parte de la tarde y la noche pintaba para enfrentar miedos y descubrir desaciertos. De darse cuenta de lo gastado del tiempo y de las patrañas que se inventan para tener la razón en todo.
- Tú sabes que el amor no es suficiente.
- Ni el dinero, ni la risa, ni el lenguaje.
- De perdida pon el mp3 con las bocinas para escuchar la radio.
- No hay luz en toda la ciudad. No creo que haya luz en las estaciones. Además no hay velas, ni linternas para buscarlo.
- Es curioso...
-¿Qué es curioso?
- Sin energía eléctrica te sientes incompleto. Las cosas inanimadas se vuelven todo lo contrario y nos pega a la cara la razón de lo solos que estamos sin esas cosas. Estamos unidos, pero extraños. Maldita televisión...
Recordé la primera vez que nos vimos y la comparé con ese segundo que acabó de pasar. En la oscuridad a veces se ver mejor las cosas que no se pueden ver a la luz. Descubrí lo ajeno y lejanos que estuvimos. Recogí los últimos restos de nuestro amor y salí a la calle. Un resplandor, quizá el efecto de la radiación en la atmósfera, me indicó que ese tiempo había terminado y sólo pude nuevamente sonreír: otra vez lo había hecho.
- Tú sabes que el amor no es suficiente.
- Ni el dinero, ni la risa, ni el lenguaje.
- De perdida pon el mp3 con las bocinas para escuchar la radio.
- No hay luz en toda la ciudad. No creo que haya luz en las estaciones. Además no hay velas, ni linternas para buscarlo.
- Es curioso...
-¿Qué es curioso?
- Sin energía eléctrica te sientes incompleto. Las cosas inanimadas se vuelven todo lo contrario y nos pega a la cara la razón de lo solos que estamos sin esas cosas. Estamos unidos, pero extraños. Maldita televisión...
Recordé la primera vez que nos vimos y la comparé con ese segundo que acabó de pasar. En la oscuridad a veces se ver mejor las cosas que no se pueden ver a la luz. Descubrí lo ajeno y lejanos que estuvimos. Recogí los últimos restos de nuestro amor y salí a la calle. Un resplandor, quizá el efecto de la radiación en la atmósfera, me indicó que ese tiempo había terminado y sólo pude nuevamente sonreír: otra vez lo había hecho.
domingo, 11 de enero de 2009
Simulador.
(Anoche, en consulta con el Doctor de almas)
-Muy bien.. eso es todo Señor Montalvo.
- ¿Eso es todo? O sea, pago un dineral por cada cita a la que asisto con usted y me dice que la respuesta está sólo en mí...
- Pues.. sí. Efectivamente.
- Pues... no. No le creo.
-Más bien, Señor Montalvo, el que no cree en usted es usted mismo. ¿A poco no se ha dado cuenta que lo sé todo?
- (realmente sorprendido) ¿Qué es lo que sabe?
- Y todavía duda de mi experiencia...
- No Doctor. Si se ve que es usted un desgraciado...
- Shhhh. Shhhh. No me insulte Montalvo... El único desgraciado es usted.
- Vamos a la calle para ver quién es más desgraciado después que lo muela a golpes...
- Retírese inmediatamente de mi consultorio... es más... no vuelva más por aquí. Lunático.
- Doctor de merda... (y sale dando un portazo y llevando consigo el resultado de su último test)
Pinche doctor, no se ha dado cuentas que la mía está perdida en el almacén más frío y sucio de una ciudad norteña o en el hotel más solo y deteriorado de una parte que no viene en los mapas y lo que hago es simular que siento y sólo respiro...
-Muy bien.. eso es todo Señor Montalvo.
- ¿Eso es todo? O sea, pago un dineral por cada cita a la que asisto con usted y me dice que la respuesta está sólo en mí...
- Pues.. sí. Efectivamente.
- Pues... no. No le creo.
-Más bien, Señor Montalvo, el que no cree en usted es usted mismo. ¿A poco no se ha dado cuenta que lo sé todo?
- (realmente sorprendido) ¿Qué es lo que sabe?
- Y todavía duda de mi experiencia...
- No Doctor. Si se ve que es usted un desgraciado...
- Shhhh. Shhhh. No me insulte Montalvo... El único desgraciado es usted.
- Vamos a la calle para ver quién es más desgraciado después que lo muela a golpes...
- Retírese inmediatamente de mi consultorio... es más... no vuelva más por aquí. Lunático.
- Doctor de merda... (y sale dando un portazo y llevando consigo el resultado de su último test)
Pinche doctor, no se ha dado cuentas que la mía está perdida en el almacén más frío y sucio de una ciudad norteña o en el hotel más solo y deteriorado de una parte que no viene en los mapas y lo que hago es simular que siento y sólo respiro...
jueves, 8 de enero de 2009
Última primera vez.
La primera canción que hice fue en Fa sostenido mayor (Invento espejismos).
La primera vez que creí en las coincidencias fue en Acapulco y después en Distrito Federal, en mi época de estudiante.
La primera vez que fui papá Fernanda me miró y creo que me sonrió cuando la tuve en mis brazos.
La primera vez que toqué fue en la cocina de mi casa a los meses de nacido con la cazuelas y cucharas de mi madre. Fue una gran demostración...
La primera vez que Dios me habló estaba ya muy lejos de ser el hombre que creí ser.
La primera vez que tuve una pasión verdadera se llamaron Los Beatles... después Borges.
La primera vez que cumplí un reto fue tocar la guitarra autodidactamente.
La primera vez que me rompieron la nariz fue porque le robé un beso a la novia del guey que me golpeó.
La primera vez que descurbrí que nada es eterno y realice muchas preguntas fue cuando mi abuelo murió.
La primera vez que escribí un cuento fue Aquella tarde.
La primera vez que amé algo fue indescriptiblemente absurdo, pero sentido... muy sentido.
La primera vez que me puse ébrio fue en un cumpleaños con sangría.
La primera vez que anoté un gol fue anulado.
La primera vez que dije una mentira todo el mundo la tomó como verdadera.
La primera vez que me gané un dinero fue apostando a las canicas.
La primera vez que no tuve nada, lo tuve todo.
La primera vez que choqué fue un accidente mayor sin menores consecuencias.
La primera vez que dije si fue porque no quedó de otra.
La primera vez que dije no fue porque ya me habían ganado la partida.
La primera vez que sentí necesidad por escribir en forma fue cuando hace algunos años atrás un hombre y su hijo comían un pan y una soda en una tienda mientras yo leía Cerca del Fuego de J. Agustín: recrear la frustación del padre al no poder darle más al niño de comer en contraste con la felicidad del pequeño en ese universo reducido fue el impulso que me llevó a desempolvar una máquina de escribir y a transcribir lo que había escrito sobre ese momento.
La última primera vez que me ha pasado es la de darme cuenta de que no hay muchas cosas que decir y que aunque sea por una vez más, el rito y la coincidencia se dejan ver en este espacio.
La primera vez que creí en las coincidencias fue en Acapulco y después en Distrito Federal, en mi época de estudiante.
La primera vez que fui papá Fernanda me miró y creo que me sonrió cuando la tuve en mis brazos.
La primera vez que toqué fue en la cocina de mi casa a los meses de nacido con la cazuelas y cucharas de mi madre. Fue una gran demostración...
La primera vez que Dios me habló estaba ya muy lejos de ser el hombre que creí ser.
La primera vez que tuve una pasión verdadera se llamaron Los Beatles... después Borges.
La primera vez que cumplí un reto fue tocar la guitarra autodidactamente.
La primera vez que me rompieron la nariz fue porque le robé un beso a la novia del guey que me golpeó.
La primera vez que descurbrí que nada es eterno y realice muchas preguntas fue cuando mi abuelo murió.
La primera vez que escribí un cuento fue Aquella tarde.
La primera vez que amé algo fue indescriptiblemente absurdo, pero sentido... muy sentido.
La primera vez que me puse ébrio fue en un cumpleaños con sangría.
La primera vez que anoté un gol fue anulado.
La primera vez que dije una mentira todo el mundo la tomó como verdadera.
La primera vez que me gané un dinero fue apostando a las canicas.
La primera vez que no tuve nada, lo tuve todo.
La primera vez que choqué fue un accidente mayor sin menores consecuencias.
La primera vez que dije si fue porque no quedó de otra.
La primera vez que dije no fue porque ya me habían ganado la partida.
La primera vez que sentí necesidad por escribir en forma fue cuando hace algunos años atrás un hombre y su hijo comían un pan y una soda en una tienda mientras yo leía Cerca del Fuego de J. Agustín: recrear la frustación del padre al no poder darle más al niño de comer en contraste con la felicidad del pequeño en ese universo reducido fue el impulso que me llevó a desempolvar una máquina de escribir y a transcribir lo que había escrito sobre ese momento.
La última primera vez que me ha pasado es la de darme cuenta de que no hay muchas cosas que decir y que aunque sea por una vez más, el rito y la coincidencia se dejan ver en este espacio.
domingo, 28 de diciembre de 2008
El Eclipse.

En un cuarto blanco.
En un vuelo sin esacala del norte hacia el sur.
En una cueva.
En lo más escondido de la sierra.
En una banca del parque astral.
En la luz de la estrella que vigila de noche.
En el Mi sostenido inexistente.
En la cuerda universal que nos une y nos desune.
En el sabor de la saliva.
En el color de los sueños.
En la mente del perro y en la risa siniestra del gato.
En el sonido que se forma en medio del silencio.
En el cuarto menguante de la luna.
En la opresión y el desengaño.
En las sombras que dañan el alma.
En el líbido, en el secreto más escondido.
En la magia de llenar páginas sin sentido.
En el acto de mover, correr y respirar.
En la Historia y sus errores.
En el sustain de una guitarra distosionada.
En el fuego que calcina lo que antes eran ideas.
En la ecuación inequívoca de la verdad.
En el encuentro religioso de las palabras.
En lo más oscuro de mí donde se encuentra lo más luminoso de tu voz.
En lo más directo, en lo más vivo.
En el último centavo que has ganado y gastado.
En el último cuerpo que he acariciado.
En el vicio más oculto.
En las diferencias intangibles entre el cielo y el infierno.
En la vida de la muerte en vida.
En el frío del trópico, en el calor del ártico.
En el pecado y la redención.
En la escuela y en la calle.
En la lengua y en los dientes.
En el cuello y en el pecho.
En la hora que pasa.
En el concepto trascendental.
En el incosciente colectivo.
En el aleph y en el cenith.
En el más y en el alfabeto.
En la línea telefónica que nos une y desune.
En el espejo en el techo.
En cada uno de los puntos en que observas.
En cada moda, en cada tendencia.
En cada risa gastada.
En todo lo que se destruye.
En todo lo que piensas existe un eclipse que lo rompe, lo llena todo.
Septiembre 2001.
jueves, 25 de diciembre de 2008
Quintaesencia
La quintaesencia se había perdido o más bien se había modificado. Las luces de la calle eran menos amarillas y más blancas. El frío ya no podía enfriar los ánimos ni coagular la sangre ni cicatrizar las heridas de nuestra ciudad. Las tiendas estaban vacías y la gente resguardada en casa. Las cosas cambiaron: la misa de gallo se realizaba de día y las imágenes por televisión señalaban que, aunque quisiéramos fingir; las cosas no mejorarían ni cercanamente el año después del siguiente año.
En ese orden de ideas, siete días antes del 31 de diciembre, sopló el viento en la ciudad. El cielo se tornó rojo a cierta hora de la noche. Muy poca gente lo notó, pero Juan, que estaba tendiendo sus cartones y sus cobijas sucias en la escalinata del abandonado Teatro Escarlata para disponerse a dormir, lo había intuido desde muchas horas atrás. Caminando por la Plaza Mayor, se encontró un perro flaco a medio morir. Se quitó su mugriento abrigo y lo abrazó con ternura e impotencia. Dijo:
- DIOS ¿POR QUÉ NOS HAS ABANDONADO?... RESPÓNDEME…
La tarde había transcurrido sin mayor ganancia que un pedazo de torta de pavo y un gorro de lana donado por una viejita rica. Se disponía a perderse en el sueño cuando sintió la necesidad de levantarse. Fue cuando pudo observarla frente a él.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?
-No sé como decírtelo. No sé cómo explicarlo…
-Mírame. Jamás imaginé verme así.
-Ni yo a ti, papá. Técnicamente yo estoy dormida en la cama de un hotel en Ciudad de Panamá. Lejos de aquí.
- Te estoy soñando…
- Definitivamente…
- Te amo
Ya las doce habían sonado en el reloj de la catedral. No había nadie cerca. La luz pasaba muy cerca y todo se esfumaba.
- Eres el mejor regalo de Navidad que he podido tener.
Y respiró.
Despertó cuando el polvo de la barredora en su cara le regresaba a su realidad.
_______________________________________________________________
Este es mi participación que no pude subir a Metatextos del cuento de navidad. Un cúmulo de imágenes y sentimientos por estas fechas decembrinas.
Felicidades a todos, pero sobretodo a tí.
En ese orden de ideas, siete días antes del 31 de diciembre, sopló el viento en la ciudad. El cielo se tornó rojo a cierta hora de la noche. Muy poca gente lo notó, pero Juan, que estaba tendiendo sus cartones y sus cobijas sucias en la escalinata del abandonado Teatro Escarlata para disponerse a dormir, lo había intuido desde muchas horas atrás. Caminando por la Plaza Mayor, se encontró un perro flaco a medio morir. Se quitó su mugriento abrigo y lo abrazó con ternura e impotencia. Dijo:
- DIOS ¿POR QUÉ NOS HAS ABANDONADO?... RESPÓNDEME…
La tarde había transcurrido sin mayor ganancia que un pedazo de torta de pavo y un gorro de lana donado por una viejita rica. Se disponía a perderse en el sueño cuando sintió la necesidad de levantarse. Fue cuando pudo observarla frente a él.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?
-No sé como decírtelo. No sé cómo explicarlo…
-Mírame. Jamás imaginé verme así.
-Ni yo a ti, papá. Técnicamente yo estoy dormida en la cama de un hotel en Ciudad de Panamá. Lejos de aquí.
- Te estoy soñando…
- Definitivamente…
- Te amo
Ya las doce habían sonado en el reloj de la catedral. No había nadie cerca. La luz pasaba muy cerca y todo se esfumaba.
- Eres el mejor regalo de Navidad que he podido tener.
Y respiró.
Despertó cuando el polvo de la barredora en su cara le regresaba a su realidad.
_______________________________________________________________
Este es mi participación que no pude subir a Metatextos del cuento de navidad. Un cúmulo de imágenes y sentimientos por estas fechas decembrinas.
Felicidades a todos, pero sobretodo a tí.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
24 de diciembre.

Puedo decirte lo que sucedió una mañana como esta hace quince años. Después de un reventón de la universidad, dos noches antes, averié mi coche. Así que en el trabajo me prestaron una combi para trabajar. Ese día tuve que realizar unas entregas muy temprano, deje la camioneta en un estacionamiento, viajé en pecero hasta la oficina y estábamos dando el brindis cuando tu mamá marcó:
-Luis, ya.
-¿ Ya qué?
- Pos se me está poniendo la panza dura y luego blandita y luego dura
- En la madre...
- Sí. En la tuya. Apúrale...
- Voy, voy para allá. Pero, ¿En navidad?
- Sí, Badillo. Esto no tiene horario.
Recuerdo que abracé a todos, me bebí dos copas de Sidra Santa Claus y salí corriendo al periférico para tomar otro pecero para la casa donde vivíamos. Mientras, tu mamá preparaba el arbolito de navidad y le ayudaba a tu abuela Meche a cocinar la cena. Era complicado llegar rápido, así que decidí correr. Te digo que corrí con mucha fuerza sin cansarme y llegué relativamente rápido. Todavía esperamos un rato más mientras localizaba al doctor.
(De fondo "El Año Viejo" y muchas voces festivas.)
- Doctor Hernández, Buenas tardes
- Dígame Señor Badillo...
- Pues que a mi mujer le están dando las contracciones
- ¿En serio? (un sorbo a su bebida)
- Si. Doctor. ¿Qué hacemos?
- Debe ser algo de rutina porque a su señora le toca parir a principios de año, pero nos vemos en el hospital en una hora.
-De acuerdísimo
- Salud.
Arreglamos una maleta por si acaso tu mamá se quedaba en el hospital y yo estaba más nervioso que tranquilo. Quiero detenerme aquí para tratar de explicarte lo que sentí en ese par de horas. Por mi mente pasaron mis cortas experiencias, ya que recién había cumplido veinte (cinco años más de los que ahora cumples tú) y definitivamente me sentí temeroso: estaba a punto de ser papá, tu papá. Me imaginé estando contigo mucho tiempo después a tu lado, jugando, viéndote crecer y espantándote a los galanes. No sé, años después estoy escudriñando esta situación y no me alcanzan las palabras y la Lógica me ayuda un poco.
Llegamos relativamente rápido al Hospital México y a tu mamá le dieron ingreso por urgencias. El doctor llegó media hora después, medio pedón.
- A ver. ¿ Cómo se siente?
- Pues parece que voy a explotar; se me pone dura la panza y luego se afloja y cada vez es más rápido.
- Déjeme ver, déjeme ver... Señora, está muy dilatada... Se me hace que esta noche va a pasar navidad con niña nueva...
Y así fue como llegaste a este mundo a las 6:00 pm de hace quince años. Pudeo decir que lo primero que se asomó fue tu nariz preciosa. Fui el primer hombre en tenerte en brazos. Fui el primero al verte nacer. Debo decirte que ese momento lo llevaré siempre.
Tú sabes que día a día todos cambiamos. Te tocó vivir cosas muy difíciles, lo sé. Te pido una disculpa por no haber sabido ser quien ahora soy. Tu ausencia ha sido difícil. Ha sido como apostar todo al caballo capaz al que se le rompe una pata yardas antes de cruzar la meta.
Pasan los días y mi mayor miedo es el no saber nunca más de tí.
Feliz cumpleaños, Fernanda. Te amo, hija.
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